Ciudad de México- 2019-05-2912:20:10- Agencias

 

 

La mañana de este miércoles, Victor Manuel Toledo, se presentó como el nuevo Secretario del Medio Ambiente y Recursos Naturales ante los medios de comunicación y asistentes a la conferencia matutina del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

 

A continuación, te presentamos el discurso emitido por el nuevo funcionario:

 

Muy buenos días, señor presidente.

 

Muy buenos días distinguida asistente, muy buenos días compañeros y compañeras de la prensa, de los medios de comunicación.

 

Hoy en esta mañana de mayo, próxima al inicio de un nuevo ciclo de lluvias, me toca presentarme ante ustedes como el nuevo responsable de la cuestión ambiental en México.

 

Déjenme decirles que la cuestión o preocupación ambiental no es más que la reaparición de la naturaleza, la madre tierra, la dimensión femenina de la humanidad en las sociedades modernas como una fuerza que los seres humanos debemos tomar en cuenta y respetar para seguir existiendo, algo que debe decirse quedó en el olvido.

 

En efecto la naturaleza estuvo presente en el imaginario de las esculturas ancestrales como una entidad viva y sagrada, desde sus orígenes hace 300 mil años. Y fue sólo con el advenimiento de la modernidad materialista, tecnocrática, patriarcal, y mercantil, que la naturaleza se convirtió en un ente a ser dominado y explotado, en un recurso natural externo, en un capital natural, en una máquina a ser analizada y escudriñada por el ojo frío, objetivamente frío, de una ciencia al servicio de la acumulación de la riqueza.

 

Así nos ha ido, así nos fue y así nos irá.

 

Esta conciencia ecológica que suma día con día a millones y millones de seres humanos en todo el mundo, nos permite visualizar de manera diferente a la política. Tres dimensiones alcanzo a visualizar:

 

Primero. Bajo la perspectiva de la conciencia ecológica, la habitual geometría política de izquierdas y derechas desaparece para ser reemplazada por una nueva disyuntiva; no hay más que políticas por la vida y políticas contra la vida o políticas hacia la muerte.

 

Visto globalmente, este dilema se traduce en políticas que enfrían el clima del planeta y políticas que lo calientan. Cada vez vamos a ir más y más, conforme pasa el tiempo, vamos a ir cada vez más definiendo todo esto en términos de lo que sucede con el cambio climático.

 

O defendemos la vida o la continuamos aniquilando en nombre del mercado, la tecnología, el progreso, el desarrollo, el crecimiento económico y un largo etcétera.

 

Lo segundo es que ahora vamos, vemos el devenir, el transcurso del tiempo de otra manera. Ya no son años, décadas o sexenios, ahora están las miradas puestas en lo que pasará de aquí a un año clave, el 2050, sólo 30 años.

 

Para esa fecha la humanidad alcanzará nueve mil millones de habitantes, es decir, dos mil millones más en tres décadas, el petróleo llegará a su fin, la mitad de los países hoy en día ya están usando su última parte de petróleo en todo el mundo, en 2050 se acaba el petróleo y le van a seguir el gas, el carbón y el uranio.

 

El cambio climático, que no se ha detenido a pesar de las advertencias de los científicos desde hace dos décadas, generará catástrofes de todo tipo y los alimentos que serán necesarios tendrán que generarse bajo métodos agroecológicos y no más bajo las pautas insanas y destructivas de la llamada agricultura moderna o industrial.

 

Lo tercero surge de lo anterior. Y es que ello nos obliga a indagar la verdadera naturaleza de las fuerzas profundas que provocan este panorama actual y de futuro próximo.

 

Y ello aquí que coincidimos con la Cuarta Transformación, pues no somos los seres humanos los culpables de esta situación de crisis, como nos recuerdan un ambientalismo superficial y una ciencia acrítica, sino los culpables son una minoría de minorías parásita y depredadora, y esa minoría tiene un nombre, se llama neoliberalismo.

 

Es esta visión la que a mi juicio debe orientar la política ambiental del país y su institución ejecutora, una política de emergencia y de restauración y de cuidado de los elementos vitales que los mexicanos requerimos día con día como un derecho humano esencial: aire respirable, agua para todos, energía alternativa, no fósil, alimentos sanos, hábitats sanos, reciclaje de derechos, hogares sustentables, ciudades ordenadas.

 

Pero también acciones urgentes que permitan detener este transitar hacia el abismo, un destino al que tendrán que enfrentarse nuestros hijos y nuestros nietos.

 

¿Podremos lograrlo a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales?

 

Creo que sí.

 

Y antes que todo debemos recordar que la Secretaría del Medio Ambiente surgió hace 25 años como una medida que ubicaba a México en la tendencia mundial de disponer de instituciones y leyes en torno al asunto ambiental, un fenómeno que coincidió con el inicio y despliegue del neoliberalismo en todo el mundo, y que generó una contradicción que han sufrido los países y que en el caso de México alcanzó proporciones dramáticas.

 

A través de los gobiernos neoliberales, la política ambiental de México que inició con bríos y con notables avances, comenzó a perder aliento, se estancó, se fue desdibujando y terminó en descomposición, bajos presupuestos y actos de corrupción inimaginables.

 

En el sexenio anterior, por ejemplo, la Semarnat ya no fue encabezada por funcionarios capacitados y calificados, sino por mercaderes del sector automotriz y por un vendedor de autos de lujo. La Semarnat fue tomada por esa minoría depredadora y rapaz, que hoy destruye a la naturaleza y el ambiente por buena parte del país y del mundo. Me refiero a las grandes corporaciones.

 

En el acto de mayor desvergüenza, esto es muy importante, la Semarnat junto con la Sagarpa, hoy la Sader, se pudieron de lado de las empresas biotecnológicas en los tribunales para detener la demanda legal que un grupo de 40 ciudadanos y varias organizaciones campesinas interpusimos contra la llegada del maíz transgénico en México hace cuatro años.

 

La pérdida del maíz en México por contaminación genética sería el quiebre de un proceso histórico de por lo menos siete mil años. En México es hoy soportado por la civilización mesoamericana y este legado cultural, esta historia como nos ha señalado el presidente, es fundamental.

 

Necesitamos rescatar a la Semarnat de esa inercia para ponerla al servicio de la sociedad mexicana. Necesitamos promover leyes contra fracking, contra el maíz transgénico y otros cultivos, por el agua para el uso humano, por la defensa de la biodiversidad, etcétera, etcétera.

 

¿Qué tenemos de nuestro lado?

 

Muchas y muchos. Primeramente, un gobierno antineoliberal, sustentado por 30 millones de votos y una sociedad cada vez más consciente que aglutina desde cientos, quizás miles de comunidades indígenas en resistencia ante los proyectos depredadores, lo que llamamos aquí el México profundo, que además ahí están las claves en todo el mundo para salir de la crisis del mundo moderno, hasta sectores urbanos, jóvenes de universidades, resistencias barriales, maestros democráticos que, me consta, han hecho esfuerzos para generar una consciencia ecológica entre los niños de las primarias en el país, la Iglesia Católica, que sigue la teología de la liberación ecológica a partir de la promulgación de la encíclica Laudato si.

 

Debemos, entonces, volcar a la Semarnat hacia los ciudadanos y hacia a los colectivos, debemos ciudadanizar la política ambiental.

 

El país también dispone de los suficientes talentos expertos y especialistas en ciencia para fundamentar técnicamente las decisiones y las acciones de la Semarnat, y para alcanzar una ciencia para la sustentabilidad con ética y con conciencia. Vamos a procurar resarcir esta calidad científica y tecnológica.

 

La última fortaleza, y con esto termino, es practicar el diálogo como nos lo ha mostrado y demostrado el presidente López Obrador en estos meses. Solo la crítica y la autocrítica bien templada logrará madurar a la sociedad mexicana.

 

Agradezco finalmente desde mi corazón al presidente de este maravilloso país su confianza y amistad.

 

Muchas gracias.

 

 

AGENCIA IMAGEN DEL GOLFO