Durante muchos años, la forma de hacer política en México fue tradicionalista, el centro de la misma era el presidente en turno. La estructura era piramidal, su acceso a ella era muy difícil y cerrado. Esta descansaba en una base de agrupaciones sindicales que servían para mantener a una cofradía de políticos corruptos en el poder. Reinaba una falsa democracia, no por algo Vargas Llosa le llamo la “dictadura perfecta”. Sin embargo, después de tres intentos, Andrés Manuel López Obrador logró vencer a esta cofradía o, como él lo llama, la mafia del poder.

El Ejecutivo federal inmediatamente buscó acabar con el corporativismo, a través una nueva Ley Laboral, misma que ha sido aprobada y que, como espada de dos filos, está lista para ser usada. En esta ley se reafirma el compromiso con la democratización sindical, ya que los sindicatos podrán perder registro por extorsión a sus afiliados. La Reforma Laboral de AMLO establece que el registro del sindicato podrá cancelarse en caso de que éstos no cumplan su objetivo, sobre todo, cuando sus dirigentes incurran en actos de extorsión contra los patrones o de sus agremiados.

También aclara que el periodo de duración de las directivas no podrá ser indefinido o de una temporalidad que obstaculice la participación democrática de los afiliados y que éstas deberán rendir cuenta completa y detallada de la administración de su patrimonio. En otras palabras, tendrán que entregar cuentas claras de las cuotas sindicales. Ya se verá cómo reaccionan los sindicatos que, por el momento, ya comienzan a llorar su orfandad.

LBP Noticias