¡Se está pensando en enfermarlo para retirarlo del cargo y que su lugar sea ocupado por Eric Cisneros!

 

Por mentiroso, por permitir el nepotismo desde su propia casa, por bajar los bonos electorales de Morena, por desacreditar a la 4T con sucesivos actos de corrupción y porque luego de siete visitas presidenciales la inseguridad pública en lugar de bajar se incrementó, Cuitláhuac García Jiménez, podría ser retirado de su responsabilidad gubernamental.

No hay necesidad de esperar dos años o convocar elecciones para elegir nuevo gobernador con el serio riesgo de perder la plaza. Tampoco darle una nueva ayudadota dado que no termina por aprender y menos darle tiempo que baje su tozudez y empiece a gobernar e informar donde están los 128 mil millones de pesos del presupuesto anual que a seis mes no se ven reflejados en nada.

Lo que natura no da Salamanca no presta.

Cuitláhuac García no quiere, ni puede y todo su gobierno empezando por él mismo se han convertido en el hazmerreír estatal y nacional.

Así que no hay que ser adivino para deducir que el presidente Andrés Manuel López Obrador está hasta la madre de lo que en el día a día pasa en Veracruz en donde ha resultado atropellado por las torpezas y mentiras de señor Cuitláhuac.

No hay que tener un espía o la información de un infidente de Palacio Nacional para descubrir si está o no molesto el jefe con la forma de gobernar de esa “bendición” llamada Cuitláhuac, ese, el de la abuela de los dos maridos.

No hay necesidad de tener un brújula para entender con el preciso no está en el desborde de contento por su “Juanito” jarocho cuando observa que por estas tierras no bajamos del primer lugar en secuestros y femilicidios y que la cuota criminal semanalmente ronda entre los 12 y 18 muertos en forma cruenta.

Tampoco ignora los trastupijes de los colaboradores corruptos que –si no es ahora cuándo- se dan vuelo con licitaciones fuera de orden legal y asignaciones directas.

Que se separa hasta ahora ningún brujo de Catemaco se ha acercado a López Obrador para decirle al oído que a los empresarios aún les deben seis mil millones de pesos, que los despidos están a todo lo que dan, que el turismo tocó fondo y que las aviadurías de la Secretaría de Educación del estado fueron borradas para abrir una nueva lista con puro chairo.

AMLO sabe, y lo sabe muy bien, de la cantaleta del gobernador y su secretario de Gobierno, de echarle la culpa al Fiscal General, Jorge Winckler, de hasta las vomitadas de los borrachos del sabadaba.

Y es que no hay problema que suceda en Veracruz sin que lo atribuyan a este pobre que está en esa posición más por las órdenes de Yunes Linares, que por gusto.

La lista pues, de los desatinos cuya gota derrama con el episodio de “Manuela y sus dos maridos”, relatada de manera por demás magistral por el columnista Bernardo Gutiérrez, está en el grueso legajo que ya tiene en su poder el presidente de México, quien podrá tolerar todas las tonterías de su pupilo, pero nunca, que ponga en riesgo el basamento ideológico de Morena –no mentir, no robar, no traicionar-, ni que le haya tomado el pelo y mucho menos enterarse que si hoy fueran las elecciones en Veracruz, los morenos estarían bien pelados.

Porque entonces ¿Dónde quedaría el proyecto de gobernar los siguientes 30 años propuestos en el proyecto del cambio, el de la Cuarta Transformación que tiró al WC, Cuitláhuac”.

Así que algo está por suceder en Veracruz… ¿Dónde está Ahueddd?

Tiempo al tiempo.

 

*Premio Nacional de Periodismo