Rúbrica

Por Aurelio Contreras Moreno

 

La noche del pasado domingo, el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez, publicó en su cuenta de Facebook un mensaje de esos que se han vuelto típicos de la defensa de la llamada “cuarta transformación”.

“Algunos ataques a nuestro gobierno se ciegan ante el verdadero cambio, no quieren ver lo que ‘los Yunes’ y ‘los Duartes’ abandonaron por llenarse las bolsas de dinero: ¿acaso no acabaron inmensamente millonarios ambos? ¿miento por decir que son iguales cuando su incalculable riqueza es evidente?” (sic), publicó en su red social oficial el mandatario.

García Jiménez también afirmó que “su coraje y sus ataques son entendibles. No soportan que un maestro, académico de la Universidad Veracruzana y un pueblo al que no pudieron engañar ‘con el hijo de Yunes’ les pusieran un alto. Simplemente no lo soportan. Parece que a nuestros detractores y ‘críticos sin razón’ les duele que atendamos al pobre y al niño índigena (sic) con el dinero que se iban a robar. Los paramos en seco”.

Y tras autoelogiar las acciones del gobierno que encabeza en materia de salud, lanzó una expresión más digna de un tuitero de cuarta que de un político con una alta responsabilidad, como la de gobernador: “aunque a nuestros adversarios les duela y sigan atacando con mentiras. ¡Lástima margaritos, llegó la cuarta transformación para quedarse!” (sic).

Estas poco afortunadas expresiones, reforzadas con los muy sobados clichés de la “4T” –al gobernador solo le faltó recomendar a sus “malvados” críticos el uso de “vitacilina para el ardor”- las hizo en un contexto en el que la inoperancia de su gobierno es totalmente clara y, en consecuencia, le llueven reclamos y críticas, tanto de parte de la clase política como de la prensa. Pero particularmente de la sociedad civil, asolada por la violencia incontenible a lo largo del territorio veracruzano.

Véase si no la cifra de asesinatos de mujeres en lo que va de su gobierno: más de 110 y contando. Eso a pesar de que a principios de año, su administración lanzó una estrategia gubernamental denominada “Cero Tolerancia a la Violencia contra las Mujeres”, que por sus resultados da la impresión que su objetivo fuera exactamente el contrario, ya que tan solo en los últimos días, incluyendo el inicio de semana, nueve mujeres fueron asesinadas en diferentes puntos de la entidad. Pero la violencia no es la única preocupación de quien tal parece no tenía idea de para qué quería ser gobernador.

Durante la enésima visita a Veracruz hace poco más de una semana del presidente Andrés Manuel López Obrador para levantarle la mano a su “honesto” gobernador, saltó el tema del evidente nepotismo que priva en la administración estatal de la “cuarta”.

Al cuestionársele en Coatepec al titular del Ejecutivo federal si sabía que un “primo” de García Jiménez, Eleazar Guerrero, despachaba como subsecretario de Finanzas -lo cual le sería reiterado días después en una de sus conferencias mañaneras en palacio nacional-, la reacción de López Obrador fue hacer una “recomendación” pública a dejar de lado ese tipo de prácticas en los gobiernos del “cambio verdadero”.

¿Y la respuesta del gobernador? Echarle la “culpa” a su “abuela” y mantener en el cargo contra viento y marea al “primo incómodo”, cuyo parentesco de consanguinidad ha sido evidenciado en los medios, más allá de que han pretendido negarlo, directamente y a través de algunos de sus nuevos voceros oficiosos.

La cereza del pastel viene por el lado de la más importante bandera del movimiento lopezobradorista: el combate a la corrupción, que en Veracruz se “demuestra” con la muy socorrida práctica de la “4T” de dar contratos millonarios por asignación directa.

Por ejemplo, el que a principios de este sexenio la Secretaría de Salud le dio a la empresa Abisalud –relacionada con un funcionario federal morenista en el estado de Jalisco- por 36 millones de pesos para la compra de medicamentos. O el que la Secretaría de Turismo del estado le entregó a la empresa SBM Management por 31 millones 958 mil pesos para la contratación de presentadores y artistas durante el Festival de Salsa celebrado hace unas semanas en Boca del Río.
La piel del gobernador García Jiménez resultó ser demasiado delgada para soportar la responsabilidad que tiene y de la que no lo exime la rapacidad de sus antecesores.

Y lo peor es que con sus actos y decisiones de gobierno, no se ayuda nada.

 

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