El equilibrio de poderes en un Estado democrático es necesario, sin éste se corre el peligro de una concentración de poder absoluto en una sola persona u organización. En México, después de 90 años de hegemonía tricolor en la mayoría de los estados, y de 12 años de experimento blanquiazul, finalmente se consolida el Movimiento de Regeneración Nacional de Andrés Manuel López Obrador, y aunque él lo niega, él es el amo y señor absoluto en su reinado de color guinda.

La presencia de los principales actores políticos en estos momentos se encuentra insignificante. Su abyección al poder federal les ha pasado la factura en las urnas y han sido encontrados deficientes por una sociedad mexicana, cada día más politizada. En este contexto surge Redes Sociales Progresistas (RSP), un partido pragmático que busca liderazgos frescos y atractivos. No obstante, como en todos los partidos, nunca faltan los oportunistas que quieren formar parte de este proyecto.

Sin embargo, la política de sumar activos es lo que debe prevalecer, siempre y cuando se privilegie el ejercicio democrático. Es cierto que algunos que se acercan a RSP tal vez huelan a pólvora quemada, u otros hayan formado parte del PAN o del PRI, no obstante, ese es el riego que se corre cuando se abren las puertas a la sociedad. Hasta al mismo partido del presidente le ha pasado.

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