Rolando Cordera

“Radiografía del horror” fue la cabeza del artículo de Carlos Puig en Milenio del pasado martes (25/06/19). Ahí se da cuenta del Informe de Trabajo del Sistema Nacional de Búsqueda. He aquí el inventario presentado por la comisionada Karla Quintana y transcrito por Carlos:

“En sitios de inhumación clandestina tenemos un total de 207 (…) En relación con el número de fosas clandestinas a la semana pasada tenemos 426 fosas (…) En relación con cuerpos encontrados en fosas clandestinas tenemos un total de 551 cuerpos (…) existe una lista de personas desaparecidas que habla de más de 40 mil (…)”. Más de una década, concluye Puig, “que ha convertido al país en un cementerio con miles de desaparecidos”.

Por su parte, el New York Review of Books (Volume LXVI, Number 10, pp. 20- 21) publica un relato de la gran periodista Alma Guillermo Prieto, donde habla de los horrores y sinsabores que le han dejado sus incursiones en tierra latinoamericana. En apretada síntesis, de una ya enorme y rica biografía como reportera, Alma habla de sus encuentros con la violencia y el crimen en Colombia, Brasil y México. Su inteligente y afilada prosa convirtió una conferencia, en la Biblioteca Pública de Nueva York, en un episodio crucial no sólo de su vida sino de la dolorosa saga de nuestro “Extremo Occidente”. Su relato así termina:

“No era mi intención pasar 25 años de mi vida observando cómo números crecientes de jóvenes se mataban los unos a los otros y viendo cómo el narco provoca no sólo este desastre sino la erosión de estructuras cívicas a través del hemisferio”. ¿Algo más?…

Pues para documentar el optimismo de la hora vayamos a Foreign Affairs que, en su número más reciente publica, un brillante artículo del economista profesor de Harvard, Dani Rodrik, en el que se nos regala un estupendo recuento de la era hiperglobalista y nos ilustra sobre el giro a los extremos del capitalismo que ha llevado al borde del colapso económico, político y social a los propios Estados Unidos de América.

Frente a esto, las preguntas sobre el futuro de la democracia y sobre cómo podría ésta terminar, ya no son cuestiones únicas de quienes dedican su vida a profetizar sobre los tiempos últimos. Por ello es que preguntarse por el eventual fin del capitalismo democrático es una incursión analítica obligada.

La reflexión, como acostumbra este inteligente estudioso, busca ser constructiva y traducirse en recomendaciones de política. Sin embargo, cada día que pasamos durmiendo con Trump aprendemos que es el corazón del sistema, su Estado y su democracia, lo que está herido y tal vez de muerte. Rodrik remata: “para cerrar las brechas económicas y sociales ampliadas por la hiperglobalización, se requiere restaurar la primacía de la esfera doméstica en la jerarquía de la política interior y disminuir el peso de lo internacional. La mejor contribución que puede hacer la economía mundial a este proyecto es facilitar, más que bloquear, esa corrección” (Dani Rodrik, “Globalization´s Wrong Turn And How It Hurt America”, Foreign Affairs, julio-agosto 2019, pp. 26-33).

De esto y otras tribulaciones nos informa un rico ensayo bibliográfico del profesor e historiador de Columbia, el reputado autor del extraordinario tour de forcé sobre la Gran Recesión y sus implicaciones actuales. Su título es Crashed: How a Decade of Financial Crisis Changed the World (su ensayo, “Democracy and its Discontents”, está publicado también en el New York Review of Books de junio).

En medio de esta desazón no parece muy lucidor el festejo del triunfo de hace un año ya de la 4T. Y, por si falta hiciera, lo que vendrá de nuestras adoloridas fronteras.

El futuro inmediato no va a permitir que nos consolemos con los esquemas tradicionales que ayudaban a combatir la confusión. Asistiremos a unos conflictos sin uniformes, con explosiones dispersas (…) sin signos en los mapas (…) La violencia difusa es expresión de este desajuste, como si estuviéramos en el punto de fricción entre dos grandes placas de la historia. Mientras tanto, queda todo un trabajo por hacer que exige menos emoción y más inteligencia, hace falta configurar un nuevo escenario multilateral (…)”.
Daniel Innerarity