Héctor Yunes Landa
Articulista invitado

 ​​A ritmo de cumbia, este lunes Andrés Manuel López Obrador realizará un mitin político en el Zócalo de la Ciudad de México para celebrar el aniversario de la jornada electoral en la que resultó electo Presidente de la República. Se trata de un evento de su partido y no de las instituciones del país, las cuáles tendrían muy poco que festejar.

 Un año después de las elecciones y justo siete meses después de que la mal llamada “Cuarta Transformación” asumiera el control de la plazas de la nómina del gobierno federal, podemos asegurar que el resultado quizá el más emblemático de la actual administración-, es la polarización social provocada por un discurso oficial donde todo va muy bien frente a quienes opinan que todo está muy mal.

 En todo caso, la referencia más importante es la percepción colectiva de los mexicanos, en la que se observa un dato muy interesante: el apoyo social que mantiene el Presidente no es resultado de las acciones de su gobierno, sino de la expectativa que mantienen los ciudadanos de que las cosas aún pueden mejorar.

 Hay una idea de que los resultados no son los que se esperaban, que muchos problemas no han sido resueltos o incluso han empeorado, pero que es muy pronto para evaluar a su gobierno; muchos electores no quieren pensar que se equivocaron. La popularidad del Presidente está sostenida en los alfileres  de la esperanza y no por los logros alcanzados, los cuales sólo se conocen en sus conferencias mañaneras. En la calle la realidad es otra.

 En materia de seguridad, por ejemplo, el primer semestre del sexenio del presidente López Obrador resultó ser el de más violento de la historia; el Sistema Nacional de Seguridad Pública registró 17 mil 500 personas asesinadas –con secuestros y feminicidios a la alza-, lo que significa un promedio de 100 homicidios al día.

 De mantenerse esta tendencia, al final del sexenio habrían sido asesinadas más de 200 mil personas, es decir, dos veces el estadio Azteca completamente lleno. Ningún país en guerra tiene estas cifras.

 La cancelación del NAICM en Texcoco fue una de las ofertas de campaña de López Obrador y la cumplió. Sin embargo, el propio gobierno ha reconocido que la suspensión de la obra tendría un costo superior a los 100 mil millones de pesos, el equivalente al presupuesto anual del estado de Veracruz o más del doble del presupuesto de la UNAM, sin contar la pérdida de empleos y el impacto que ha tenido en la inversión en todos sus niveles.

 Se ha insistido con muy poca evidencia, que la corrupción en el manejo de los programas sociales los volvía inviables; entonces, en lugar de acabar con la corrupción, el Presidente decidió acabar con los programas. La desaparición de Prospera ha dejado sin apoyos de salud, educación y alimentación a casi 7 millones de mexicanos en pobreza, además de los 13 millones de personas que estaban afiliadas al Seguro Popular que hoy deambulan por los hospitales.

 La distribución de dinero de manera directa y no a través de las instituciones, ha dado lugar a la discrecionalidad, la falta de evaluación y seguimiento, por lo que nunca sabremos si se alcanzaron los resultados establecidos en estos programas.

 Por supuesto que también debe reconocerse que en los primeros siete meses de este gobierno, las cifras macroeconómicas –antes tan criticadas por el hoy Presidente- se han sostenido estables. El dólar mantiene su relación con el peso y el mercado bursátil ha seguido creciendo aunque de manera moderada.

 Sin embargo, el empleo (-88%), la inversión (-3%) y el consumo (-2%9) han tenido una disminución sostenida, lo que explica que hoy el crecimiento del país esté calculado –según el Banco de México- en apenas el 1% por ciento, muy por debajo de los 4 punto ofrecidos por el entonces candidato y hoy Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador.

 Además, la promesa de bajar el precio de la gasolina provocó una crisis de distribución y sólo se cumplió en estaciones de servicio que habían cerrado hace meses; el paraíso prometido a los migrantes se ha convertido, sin exagerar, en un infierno que ha sido documentado por imágenes terribles que han dado la vuelta al mundo.

 Frente al optimismo presidencial que hoy será evocado desde la plaza pública, un año después, México tiene otros datos.

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