Juegos de Poder

Leo Zuckermann

 

Entre reunirse con los jefes de Estado y gobierno de las 20 naciones más ricas del planeta en Osaka, Japón, o inaugurar unos caminos rurales en el estado de Oaxaca, nuestro Presidente optó por lo segundo.

El mensaje está muy claro. López Obrador privilegia a los más pobres del país que a la pompa y circunstancia de las grandes cumbres internacionales.

A muchos les gustará. Sin embargo, la verdad es que estamos frente a un falso dilema. AMLO bien podría haber hecho las dos cosas. Es más, está obligado a hacer ambas. No puede soslayar los terribles problemas que viven las comunidades más pobres y aisladas del país, pero tampoco puede dejar a un lado las responsabilidades internacionales de una de las naciones económicamente más abiertas al mundo como es México.

En este sentido, considero que fue un error que López Obrador no haya asistido a la reunión del G20 en Osaka. Era una extraordinaria oportunidad para avanzar los intereses mexicanos en el mundo.

Comenzando, desde luego, con Estados Unidos en un momento crítico. Trump y López Obrador han hablado varias veces por teléfono. Se han enviado mensajes por interpósitas personas. Pero, al día de hoy, no se conocen personalmente. Osaka hubiera sido una extraordinaria oportunidad para hacerlo en territorio neutral. De verse a los ojos, de hablarse de tú a tú y decirse, como dicen los chavos, las netas. Nada en la vida sustituye un encuentro personal para ir arreglando los mil y un problemas que existen en la relación bilateral de los dos vecinos. Bueno, pues se perdió esa oportunidad.

Como se perdió la oportunidad de conocer a Xi Jinping, presidente de China. Será el sereno, pero México debe establecer puentes de comunicación con el líder de la potencia emergente. Siendo López Obrador un gobernante que se dice de izquierda, ¿acaso no le interesaba platicar con el mandatario de un país con una dinámica economía capitalista y un régimen político comunista? ¿No hubiera sido interesante conocer el modelo chino de capitalismo de Estado que tanto éxito ha tenido en contraposición al capitalismo de mercado? ¿Qué decir de la amenaza de proteccionismo comercial de Trump que amenaza tanto a China como a México?

¿Y los líderes europeos? México, que tiene un viejo tratado de libre comercio con Europa, a punto de entrar a una nueva fase, debe seguir cultivando las relaciones con el Viejo Continente a fin de promover un poco la diversificación de sus relaciones comerciales, hoy tan concentradas con Estados Unidos.

¿No valdría la pena conocer y platicar con Justin Trudeau, primer ministro canadiense, sobre la ratificación del T-MEC y los vínculos comerciales con nuestro otro socio de América del Norte?

Ni qué decir de los varios temas multilaterales de los 20 países que generan el 80% del Producto Interno Bruto del mundo: la migración, el cambio climático, el combate a los paraísos fiscales o las redes del crimen organizado internacional.

AMLO dejó ir una oportunidad de oro. Prefirió ir a Oaxaca que a Osaka. Nada prioritario había, por cierto, en territorio oaxaqueño. Perfectamente pudo haber viajado a Japón y luego ir a los pueblos que visitó este fin de semana pasado.

Pero ya sabemos, y eso no es ninguna sorpresa, que a López Obrador no le interesa el mundo ni entiende al tema internacional. Es, en este sentido, un Presidente pueblerino. Eso puede gustar a muchos, pero es terrible para un país tan insertado en la globalidad como México.

Yo entiendo, y comparto, que nuestro mandatario evite los excesos de la pompa y la circunstancia de las relaciones internacionales que tanto le gustaban a Peña: las visitas de Estados con las casas reales europeas, las cenas oficiales con fracs y vestidos largos, los 21 cañonazos. Eso es muy diferente, sin embargo, a rehusarse a participar activamente en la geopolítica mundial donde México tiene un papel importante que jugar al ser el onceavo país más poblado del mundo y la economía número 15 del planeta.

A nuestro Presidente eso le vale un pepino. Ni le entiende ni le interesa. Él, a lo suyo, que son los mítines en los pueblos. Para lo internacional, mejor que vaya el canciller en su representación. Y, nada tonto, Marcelo Ebrard aprovechó la ocasión para fotografiarse con todos los mandatarios con los que pudo. Cómo no, si era una extraordinaria oportunidad para verse como jefe del Estado de mexicano. O, por lo menos, el que parece más adelantando para convertirse en eso en 2024.