El pasado viernes una persona retiró 170 mil pesos del banco. Cuando se dirigía a la salida, una persona, de unos 30 años de edad, con un arma en la mano intentó robar al cuentahabiente sus 170 mil pesos. De acuerdo con versiones periodísticas, un policía de investigación que se encontraba en la zona se percató de lo que pasaba y al darse cuenta que el sujeto estaba armado, disparó al considerar que el ladrón era una amenaza. El ladrón quedó herido en el suelo sin que se consumara el robo.

Finalmente murió por el disparo del policía. Cuando la madre de este ladrón se enteró que su “bebé” había sido abatido corrió a buscarlo y a gritos pidió que la dejaran ver a su bebé: “Señorita, déjeme verlo, eso no me lo puede quitar, señorita, déjeme ver a mi bebé”. El amor de madre es el amor de madre y finalmente, delincuente y todo, pues es su hijo, su sangre. Sin embargo, sirva esta escena para la reflexión.

En muchos casos los padres saben a qué se dedican sus hijos; algunos de los padres hasta disfrutan de las ganancias mal habidas de sus hijos y por lo mismo hasta fomentan su conducta delincuencial. Pocas veces las madres de esos delincuentes se ponen as pensar en el daño que sus hijos causan a la sociedad y a personas en particular, a sus familias. Pero eso sí, una vez que los hijos caen abatidos por las balas, entonces sólo les queda llorar y pedir que los dejen ver a sus “bebés”.

LBP Noticias