Del muro de Juan José Llanes Gil del Ángel

De entre la amplísima gama de pendejadas que he tenido que leer en los últimos años, sin duda la perla del secretario de turismo del gobierno federal se lleva el primer premio.

En su particularísima percepción, quienes estiman que un acto de autoridad lastima garantías individuales y/o Derechos Humanos, y recurren al único medio civilizado para dirimir ese disenso (el juicio de Amparo), forman un “cártel” que intenta frenar a la así llamada 4T.

Intentando ser ingenioso, se le ocurre denominar con el mismo sustantivo (cártel) -con el que se designa al crimen organizado- a quien ocurre al Poder Judicial Federal busca de la protección de la Justicia de la Unión.

Supuso, quizás, que alguien le celebraría y aplaudiría que llamara “ampareros” a quienes, en lugar, de hacerse justicia por mano propia, acuden a las instituciones.

Estulto contumaz, quizás nunca leyó lo que prescribió José María Morelos quien, a diferencia de Miguel Torruco, opinaba “Que todo aquel que se queje con justicia, tenga un tribunal que lo escuche, lo ampare y lo defienda contra el arbitrario”.

Ignorante de la historia de su propia corriente política, pretende desconocer que la izquierda en México encontró en el juicio de amparo un medio de contención frente al abuso de los regímenes prianistas.

Torruco hace eco de las voces que prohíben disentir, aspirando a que le premien la gracejada, sin advertir que llamar “cártel” a quienes recurren al juicio de amparo representa una bofetada a Otero y a Rejón, de quienes -seguramente- ni ha oído hablar.