La Xalapita

Angélica Cristiani Mantilla

Hace justo un año más o menos a esta hora, te hice llegar mis felicitaciones después de haber obtenido un número récord de votos tanto para Xalapa como para tu partido. Pero hoy no te voy a hablar específicamente de ellos, te vengo a hablar por lo que constitucionalmente representas.

 

Antes que nada me gustaría aclararte que no te escribo desde algún tipo de emoción que me genere mi fracaso de la contienda que compartimos, a un año de distancia quiero confesarte que para mí dejó de ser un fracaso, por el contrario fue una experiencia que me dejó muy en claro que mi camino no es político y que mis ideales siempre tendrán que ver con la igualdad y progreso social.

 

A lo largo de este año he seguido y compartido la esperanza, el entusiasmo y la intención de encontrar un desarrollo y bienestar social, a nivel local y nacional, porque realmente nos lo merecemos. Las últimas administraciones devastaron, se burlaron, traicionaron y denigraron a Veracruz en una forma brutal, despiadada e inhumana.

 

Actualmente uno de los grandes retos que enfrentamos en Xalapa es el desempleo y todas las consecuencias que trae consigo, según la dirección de Desarrollo Económico del Ayuntamiento un 20% del total de la población están en la búsqueda de un espacio laboral. Esto significa que alrededor de 100,430 capitalinos no tienen la certeza de un modo digno de vivir.

 

Es una falta de decoro y de respeto que esa búsqueda no todos la tengan que enfrentar en igualdad de condiciones y que sin tener el perfil gocen de empleos  por el simple hecho de ser familiares de servidores públicos; efectuar el tráfico de influencias para obtener beneficios personales es un delito, un acto de corrupción que a los xalapeños nos afecta tanto económicamente como socialmente, nos arrebata la esperanza, nos desilusiona, ese creo que es el costo más alto y que en los últimos meses según los informes de transparencia, hemos venido pagando con aproximadamente más de $335,870.58 pesos al mes que tu familia recibe de la nómina del gobierno municipal y estatal.

 

Creo que cuando un hampón irrumpe en nuestras vidas o en la de nuestras familias, es muy difícil que el daño causado lo pueda reparar, un ser tan vil carece de las herramientas para reparar lo destruido, creo que lo más cercano a la justicia que podemos encontrar es responsabilizarnos y asumir que si por nosotros mismos no reparamos ese daño, nadie más lo va a hacer.

 

Electoralmente, en la última contienda los mexicanos asumimos nuestra responsabilidad y le quitamos el poder a nuestros canallas victimarios. Ya no nos mienten. La corrupción ya no es normal, pero sigue siendo un problema muy grave y como funcionaria pública es tu obligación actuar en congruencia y enfrentar tus faltas.

 

Hay una canción de Fito Paez que me gusta cantar a gritos constantemente, me resulta catártica, me recarga el entusiasmo, cuando por alguna razón se me baja la pila me ayuda a retomar la dirección. Y es que a mi también “me gusta regresarme del olvido, para acordarme en sueños de mi casa” recordar “que el perdón es lo divino y errar a veces suele ser humano”.

 

Hace un año casi 65 mil personas depositaron en ti la confianza de poner en práctica ideales muy elevados de un proyecto nacional. Hoy pareciera que estás jugando en tu contra, en contra de tus compañeros de lucha que se están esforzando por conseguir un cambio y lo peor es que también juegas en contra de nosotros los xalapeños, poniendo en riesgo la oportunidad de darle continuidad a la esperanza de construir esa nación que tanto deseamos.

 

Espero que esta carta se convierta en canto y resuene con aquellos que “hablan de paí­ses y de esperanzas, que hablan por la vida, que hablan por la nada, que hablan de cambiar ésta nuestra casa”, en verdad “no es bueno nunca hacerse de enemigos, que no estén a la altura del conflicto, que piensan que hacen una guerra y se hacen pis encima como chicos, que rondan por siniestros ministerios haciendo la parodia del artista”.

 

Después de todo “no todo está perdido, después de tanta sangre que se llevó el río, hay quienes vienen a ofrecer su corazón”. Tal vez, después de un año aún sea tiempo de resarcir el daño, porque en lo injusto hay perdón, pero jamás olvido.

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