Javier Duarte: “a mí me la pela Peña Nieto”

* 2 mil 400 millones para la campaña  * O unos 3 mil 500, según Víctor Hugo Arteaga  * Dos copas y delira  * Video para cimbrar a México  * Yunes, la CIA, la DEA  * Elvis, el Tony, los disparos, la alcaldía  * Alcalde de Agua Dulce: líos con el SAT  * “Petróleo” y su divorcio con Quintanilla  * Ex diputada “brinda” a sus hijos en escena sexual

Una, dos copas, y Javier Duarte hablaba solo. Dos más y besaba sin mirar a quién —que lo diga Romero Deschamps—. Otras dos y perdía el juicio. O sentía ser Dios. “A mí me la pela Peña Nieto”, soltó tras revelar cuántos millones desvió del erario de Veracruz a la campaña presidencial del PRI.

De a 200 o 300 por mes. Y así el efectivo fluía en cajas de huevo o en maletas que salían de la Secretaría de Finanzas en automóviles, subidas a aeronaves, aterrizando en helipuertos de edificios fifí o en el aeropuerto de la Ciudad de México o el de Toluca.

Y de ahí al cuartel del campaña o al PRI.

Cientos de millones sustraídos del erario, vilmente robados, afianzándolo al poder y adquiriendo o creyendo adquirir impunidad.

Millones para comprarse un blindaje, una coraza inmoral, sentirse y ser inmune a la ley.

Habrían sido 2 mil 400 millones desviados, según una fuente ligada a Fidel Herrera Beltrán.

O 3 mil 500 millones, de acuerdo con un informante duartista al que consultara el periodista Víctor Hugo Arteaga.

Sería una cifra o la otra, aquel saqueo fue —y es— desvío de recursos públicos y refleja el sucio actuar, sinuoso y gangsteril, de Javier Duarte desgobernando a Veracruz.

Aquel día, en corto, en privado, Duarte bebió y bebió. Su interlocutor lo medía y lo empujó a hablar. Eufórico, contaba cómo se ganó a Enrique Peña Nieto, la hermandad entre Toluca y Xalapa, la hermandad entre el Estado de México y Veracruz.

Una charla entre copas tornándose en bacanal. Y Javier Duarte no paraba de hablar.

Una pequeña habitación, discreta, sobria, sitio para dos, para diseñar alianzas y trabar acuerdos, concertar y disertar, que si la gobernabilidad, que si la lealtad, que si Fidel, que si la traición.

Y Duarte se voló.

Con tantos millones a la campaña, Peña Nieto era su peón. O eso creyó.

Peña Nieto, según Duarte, estaba adentro por el dinero aportado.

“A mí me la pela Peña Nieto”, soltó como solía hacer, dos o tres tragos adentro, fuera de control, imaginando que el súbdito que paga tributo puede someter al rey.

Y el que se la peló fue Duarte.

En esos días se vio libre, lejos de Fidel Herrera Beltrán. Y rompió con su mentor.

Otro día posaba para la fotografía con Miguel Ángel Yunes Márquez, uno como gobernador y el otro delegado de Oportunidades en Veracruz, y con ellos 30 alcaldes del Partido Acción Nacional.

Luego vendrían dos nombramientos clave en el gobierno duartista: Felipe Amadeo Flores Espinosa en la Procuraduría de Veracruz y Enrique Ampudia Melo en la subsecretaría de Gobierno.

Y Yunes Linares feliz.

De Amadeo, expresó que era una buena designación por su trayectoria, experiencia, honestidad.

De Ampudia hubo más. Una llamada telefónica melosa, de amigos, en que Ampudia agradecía las enseñanzas de Yunes, fue divulgada en el periódico Notiver y el subsecretario se engalló, aduciendo que la conversación fue editada y cortó todo trato con el político azul.

Semanas después volvió el clima hostil. Duarte siguió así, de error en error, sus huellas en el desvío de recursos, saqueadas las arcas, imaginando que se había garantizado impunidad.

Asediado por la Auditoría Superior de la Federación; los excesos de su pandilla; las filtraciones del enriquecimiento; los pavoneos de Tarek Abdala y Karime Macías, su preferido y su esposa; los desplantes de Gabriel Deantes, un vendedor de teléfonos celulares que amasó una fortuna a su paso por el gobierno; las habladas de Paco Valencia, el que reventaba la alianza PAN-PRD; la violencia, la inseguridad, la muerte, coludidos los malos con la Secretaría de Seguridad, y la complicidad de Fisculín, alias Luis Ángel Bravo Contreras, Duarte tronó.

Lo atrapó la deuda, la insolvencia, la parálisis financiera. Se quebró el Congreso de Veracruz, dejando el poder en manos de la oposición, reventando las cuentas públicas mientras crecían los pasivos, la deuda con contratistas y una prensa cómplice que calló por ambición.

Dos meses antes de concluir su mandato, Javier Duarte se fue. Dio por hecho que procedería la denuncia contra Miguel Ángel Yunes y así le impedirían ser gobernador. Huyó, se refugió en Guatemala y ahí cayó.

Hoy aduce haberse entregado. Ventila un video en que cita la fecha y que horas después sería aprehendido. Y todo coincide. Pero no es nuevo.

Verlo tras las rejas mientras Karime Macías y el resto de su familia viajaban a Colombia y luego a Londres donde permanecen impunes pese a la ficha roja de Interpol y ser revelada su ubicación tras una investigación privada ordenada por Yunes, confirma que hubo pacto y Peña lo consintió.

Hoy, ya condenado, admitida su culpa, confeso, Javier Duarte dice haber sobornado al encargado de la Fiscalía General de la República, Alberto Elías Beltrán, para evitar ser sentenciado por delincuencia organizada y la exigencia de no perseguir a Karime Macías. Y dice algo más: el dinero del soborno se lo hizo llegar Peña Nieto.

Habría sido su hermano Cecil Duarte el instrumento para recibir el dinero y consumar el soborno. La implicación para su hermano es descomunal y presupone cárcel.

Hundido, Javier Duarte no abona a su libertad ni alivia su sentencia. Hay confesión de otros delitos ajenos a los que lo tienen en prisión.

Le quedan los de índole estatal, otros desvíos y, por encima de todos, la desaparición forzada en el que siguen sujetos a juicio el ex secretario de Seguridad, Arturo Bermúdez Zurita y el ex fiscal Luis Ángel Bravo. Es delito lesa humanidad y no prescribe. Cualquier corte internacional lo puede juzgar.

De aquella bacanal hay registro. Un video consigna el célebre exabrupto “A mí me la pela Peña Nieto” y el por qué, los miles de millones de pesos desviados a la campaña presidencial del PRI.

Tras dejar el gobierno de Veracruz, el 12 de octubre de 2016, se esperaba el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación sobre el caso Veracruz. Decíase que se anularía la elección y Yunes no sería gobernador.

Horas después, USB en mano, Yunes esgrimió tener ahí una información que cimbraría a México. Envió el mensaje. El destinatario se cimbró.

Nunca reveló el contenido de la USB, quizá los dichos de un trastornado de poder implicando al presidente en un financiamiento ilegal a su campaña.

Duarte es rejego. Intenta blindar a Karime. Su esposa atesora la información de las empresas de papel, creadas para diluir el dinero extraído del gobierno de Veracruz a través de empresas fachada. Es quien controla las inversiones en inmobiliarias, compras de casas, terrenos, hoteles. Es la llave del tesoro robado. Karime es el eslabón de la cadena que está a punto de romper.

Duarte apela a López Obrador. Revive el video de Guatemala en que afirma que se negó a implicarlo y que en su gobierno no financió a Morena aunque sí propició su crecimiento. El criminal cambia de órbita; se ubica en la del presidente.

Yunes, por su parte, es alfil en la inteligencia política. Atesora información clave: redes de políticos y sus ligas con grupos de poder, nexos extralegales, empresarios en el alto y bajo mundo, el mapa del narco y sus implicaciones políticas, la radiografía de los capos y el financiamiento a la oposición.

Yunes orbita en otro nivel. La CIA, la DEA y otras agencias de inteligencia saben lo que eso implica, lo que sabe, lo que atesora.

Y Duarte pensando quién se la va a pelar.

Archivo muerto

Quiere ser alcalde de Nanchital y a don Elvis lo andan ejecutando los malosos. Sobre la fachada de su constructora se observan los impactos de bala. Y en las redes se lee la amenaza. Quiere ser presidente municipal de Nanchital y Elvis Ventura no termina de aclarar de donde proviene su fortuna, su maquinaria, sus equipos, traileres, volteos, pipas, camionetas, motoconformadora, rodillos y revolvedora  magnate ahora, de la noche a la mañana. Su humanidad anda en la mira de La Maña. Que primero aclare el constructor sus ligas con aquel famoso Tony —Marco Antonio González Martínez—, levantado en enero de 2016 y sus restos hallados en el basurero de Las Matas; que simplemente aclare qué le quedó a la viuda y por qué se fue. Ahora que Elvis mete sus manos en ayuntamientos del sur —un tesorero aquí y otro allá— y se proyecta para suceder a la doctora Zoila Balderas en la alcaldía de Nanchital, a la Constructora Del Valle le rocían la fachada a plomazos. Y en las redes corre el mensaje amenazante de los que se dicen nuevos dueños de la plaza, con la puntería sobre Elvis y su hermano Pablo, y sobre todos aquellos que —agrega el texto— le pagan cuota a los Zetas. Y así quiere ser alcalde… Por 15 millones de pesos Zenyanzen Escobar García arma un escándalo y no apunta a los cientos de millones del fraude en las tiendas escolares a nivel secundaria. Cuarenta de los planteles escolares en el sur de Veracruz entran en la órbita del zar de las tiendas, Oswaldo Fabián Ramírez de León, con ingresos diarios, semanales y mensuales que ya los quisiera Andrés Manuel López Obrador. Por cada plantel percibe en promedio 200 mil pesos al mes. Y son 40. De ahí salió un spa llamado Sicilia, con instalaciones ultra modernas para las que se realizó una modificación del inmueble, sustituyendo el área de alberca, ubicado en la exclusiva colonia Petrolera de Coatzacoalcos. Todo a través de una extensa red de prestanombres en los que aparece hasta la abuela. ¿Lo sabrá el Servicio de Administración Tributaria? Si el titular de la Secretaría de Educación de Veracruz, Zenyazen Escobar, hurga, hallará que los directores de los planteles escolares recibieron beneficios más allá de lo que establece el convenio entre el zar y la ZEV: pago de teléfono, luz y viajes, entre otros. La contraprestación pagada por los prestanombres de Fabián Ramírez —de los que es apoderado legal, según quedó registrado ante el notario Natalio Arrieta—, es una mínima parte de los ingresos por las ventas en las tiendas escolares, dinero que en la mayoría de los casos no fueron remitidos a la SEV. Entre los planteles citados se encuentran, secundaria Moisés Sáenz; ETI 8, 19, 24 60, 63, 88, 134, 140; General 2, 3, 4, 5 y 6; Eduardo Lara Arteaga, Quetzalcoatl 2, Sección 22, Agua Dulce 2 y José Azueta. El caso de la Enrique Herrera Moreno es de alarido; su cuota es de 3 mil 100 pesos diarios, lo que advierte el nivel de ventas y el tamaño de los ingresos. Si Zenyazen Escobar aún no abre los ojos sobre este meganegocio yunista, la 4T se lo va a demandar. Lo de los 15 millones por “gratificaciones extraordinarias” es de risa… Ufano y engreído, Sergio Guzmán Ricárdez vocifera ser la carta de Rocío Nahle a la diputación federal por el distrito de Coatzacoalcos. Dice ser el mejor alcalde que haya tenido Agua Dulce. Cuenta que como él no hay otro igual. Y así es. Su obra es mediocre, calles dañadas poco después de ser construidas o reparadas, programa escolar en el área rural donde hay más aulas que niños, estudiantes de medicina traídas con inversión municipal para el paseo y la diversión. Y quiere ser diputado federal. Opaco, retorcido, sus finanzas son un caos. Ahí está el sobreprecio de los uniformes de policía, los aviadores y la parentela en la nómina, la represión a los que protestan, el señorío de los malosos en las calles, cobrando piso, ejecutando rivales, llenando a Agua Dulce de fosas clandestinas. Y ahora —como aquí se había apuntado— los impuestos no pagados al Servicio de Administración Tributaria. Realizó la retención a los trabajadores y omitió manifestarlo al SAT. Fue apercibido en varias ocasiones. El SAT lo dejó correr. Ahora lo aprieta. Y exhibe que Sergio Guzmán es un transgresor de la ley. Y esa es la carta fuerte de Rocío Nahle, la secretaria de Energía, para la diputación federal por Morena. Entre lo malo, lo peor… “Petróleo”, como le apodan, cuenta que ya no es de los Quintanilla, que pagan mal o engañan mejor. Rafael Ruiz dejó al clan de Arturo, Jaime y Enrique Quintanilla Hayek, de quienes fue abogado por años, pregonando que se lleva sus secretos y la mecánica de cómo enfrentar juicios y tretas. Les sirvió cuando aquel juicio en que los Quintanilla intentaron acreditar la nulidad de la escritura de la sucesión Bringas usando dos sentencias clonadas, descubiertas con sólo consultar el libro del juzgado. Ahí se determinó que el número de juicio invocado por los Quintanilla correspondía a un juicio por pensión alimenticia y otro por la custodia de un menor. Para entonces, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes ya había pagado la afectación por la construcción de Libramiento Vial, unos cuatro millones que se negaron a devolver. Aquellas sentencias colgadas no fueron de la autoría de Rafael Ruiz pero la defensa de los Quintanilla en lo subsecuente, sí. Y ahora los deja aunque hay quienes dudan que haya cortado el cordón umbilical… ¿Quién es esa ex diputada local, enferma de ambición, que vende y compra poder, obsesiva y sin escrúpulos hasta inmiscuir a sus hijos en orgías que tenían como espectador principal a un ex gobernador? Hay video y lo que ahí se ve es, palabras más, palabras menos, ardiente…

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