Por si acaso…
Por: Carlos Jesús Rodríguez

*Medios no están al servicio del Estado
*Juárez no criticaba a sus detractores

CUENTAN SUS biógrafos que en cierta ocasión le preguntaron al Presidente Benito Juárez García –a quien Andrés Manuel López Obrador admira indiscutiblemente, y esperamos que no sea por los casi 15 años que duró en la Presidencia de la República, y que habría llegado a más de no ser sorprendido por una angina de pecho- que, porque no corría a Ignacio Ramírez, el llamado “Nigromante”, dadas las discrepancias que sostenía con él, a lo que el indio de Guelatao contestó sin retirar la mirada a su interlocutor: “a mí no me sirve”, lo que reforzó a sus escuchas que le inquirieron: -si no le sirve ¿porque no lo corre?-, y Juárez, el Presidente a quien don Porfirio Díaz le exigió convocar a elecciones, demandando el sufragio efectivo y la no reelección (aunque años después lo hizo Francisco I Madero con Díaz), respondió: “le sirve a la República”. Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada, escritor, poeta, periodista, abogado, político e ideólogo liberal mexicano siempre estuvo en contra del desvío del poder, pues vivió en carne propia el abuso de éste, pues cuando publicó “El Manifiesto Indígena” lo enjuiciaron por atreverse a reivindicar a nuestra raza, pero fue tal el impacto que causó el texto que todavía está grabado en el muro del Templo Mayor de Tenochtitlán. El Nigromante renunció al gobierno de Ignacio Comonfort para apoyar a Benito Juárez desde el periódico “La Chinaca”, pero cuando comenzó a ver que Juárez era una especie de megalómano y se perdió en el poder, se lanzó con toda la artillería contra del Benemérito de las Américas denunciándolo –en la prensa- de terminar con todos sus adversarios políticos mediante simulaciones de juicios sumarios, aun cuando en la primera administración del oaxaqueño ocupó cuatro Secretarías de Estado, pero con la Intervención francesa sucedieron dos hechos que iniciaron la ruptura: Juárez estaba negociando mediante Ocampo un tratado con los Estados Unidos para entregar la Baja California y el Istmo de Tehuantepec a perpetuidad, con tal de que los norteamericanos lo ayudaran a sacar a los franceses (¿algún parecido?); Ignacio Ramírez le dijo a Juárez que era un traidor y que de ninguna manera firmaría ese tratado, así que renunció a la Secretaría de Estado, y Juárez lo encerró 3 veces. Eran enemigos institucionales, pero en el plano personal se respetaban y sus esposas, pese a todo, fueron amigas.

Y EL tema viene a colación por la acusación que hace el Presidente Andrés Manuel López Obrador a los medios de comunicación de obstaculizar la transformación que emprende su gobierno, y si en lo general señaló a periódicos y revistas por no abordar ni criticar la corrupción que había en el País antes de que él asumiera la Presidencia (aunque no tenemos la culpa que no lea), en lo particular se refirió a la revista Proceso: “no se portó bien con nosotros. No es ningún reproche”, y aunque el reportero de la fuente le aclaró que: “No es papel de los medios portarse bien con alguien”, AMLO respondió: – “No, pero estamos buscando la transformación y todos los buenos periodistas de la historia siempre han apostado a las transformaciones”. Es una visión distinta, le espetó el comunicador, “sí, pero (Francisco) Zarco estuvo en las filas del movimiento liberal y los Flores Magón, también”, insistió. “Son 150 años de distancia, Presidente”, planteó el reportero. -“Sí, insistió AMLO, los periodistas mejores que ha habido en la historia de México, los de la República restaurada, todos, tomaron partido. Y es que es muy cómodo decir: ‘Yo soy independiente o el periodismo no tiene por qué tomar partido, o apostar a la transformación’. Entonces, es nada más analizar la realidad, criticar la realidad, pero no transformarla”. -“El papel de los medios es informar, presidente”, terció el periodista, y el titular del Ejecutivo reiteraba: -“Sí, pero a veces ni eso, es editorializar para afectar las transformaciones”, por lo que el comunicador le dejó ir la muletilla: – “O sea, usted pide que editorialicen nada más a favor de usted”.

AHORA BIEN, no solo Ignacio Ramírez el “Nigromante”, tal vez el más puro de los liberales disentía públicamente de Juárez García, sino que la mayoría de periodistas que apoyaron la candidatura de Francisco I Madero, cuando este ya fue investido Presidente, lo cuestionaron acremente comenzando por los hermanos Flores Magón (Jesús, Ricardo y Enrique), quienes asumieron como postura política la disidencia y como medio de combate la prensa. Siendo hombres de razón, sostenían que el periodista tenía una noble misión que era la de ilustrar al pueblo, luchar por la justicia y combatir la “maldad” donde quiera que ésta se encontrara; la tarea no era sencilla porque era muy probable que se sufrieran las vejaciones del “crimen encumbrado”. Entonces se abrió una disyuntiva: podían aceptar la paz “que el poder implacable sólo concede a los sometidos” o continuar en la brega. Los Flores Magón se decidieron por el camino más difícil desde el periódico independiente Regeneración, un medio jurídico que salió a la luz por vez primera el 7 de Agosto de 1900, aunque Ricardo no hablaba solamente por los Flores Magón sino por todos los periodistas de oposición que habían sufrido también la represión del régimen, como el caso de los indomables periodistas Tomás Pérez Ponce y Carlos P. Escoffié, presos por más de año y medio en la Penitenciaría de Mérida por reclamar contra la esclavitud que existía en Yucatán para los jornaleros; igual situación sufría el señor José A. Vadillo “defensor de los esclavos del henequén”; el profesor Adolfo C. Gurrión preso en la cárcel de Oaxaca “por sostener el democrático principio de la no-reelección” y el “perseverante e indomable paladín de los derechos del pueblo”, don Paulino Martínez, quien sufría una vez más en la cárcel de la capital de la República “las consecuencias de combatir el despotismo”.

REGENERACIÓN SE convirtió en un verdadero dolor de cabeza no sólo para el régimen porfirista sino, también, para los que le siguieron. Ya durante el gobierno de Francisco I. Madero (en mayo de 1912) se insistía en hacerlo desaparecer. Era indispensable y a cualquier costo suprimirlo. La razón podría ser simple: hacía mucho mal al País, aunque en realidad a los Gobernantes así fuera el “demócrata” Francisco I Madero, pues mantenía en constante agitación a los mexicanos de la frontera, aún más que “las partidas de bandoleros que existen en algunas partes. El cerco en torno a los Flores Magón se fue cerrando y parecía solamente cuestión de tiempo para poner fin a Regeneración y a sus fundadores. El 16 de marzo de 1918, Ricardo fue encarcelado en una prisión de Washington debido a un manifiesto dirigido a los anarquistas del mundo, lo que no fue del agrado del gobierno de Estados Unidos, que lo consideró contrario a su política bélica en plena Primera Guerra Mundial. De ahí lo trasladaron al Fuerte de Leavenworth, en donde encontró la muerte. El fin, ese consideramos que es el papel de los medios, como bien lo decía Francisco Zarco: “La prensa no solo es el arma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz y más activo del progreso y de la civilización”, o como consignó Kofi Annan, séptimo secretario general de las Naciones Unidas y Premio Nobel de la Paz de 2001: “Ninguna sociedad democrática puede existir sin una prensa libre, independiente y plural”. Ahora que, tal vez, AMLO no ha leído otra de las frases afamadas de Benito Juárez García: “La emisión de las ideas por la prensa debe ser tan libre como es libre en el hombre la facultad de pensar”. Así las cosas señor Presidente. OPINA carjesus30@nullhotmail.com