Por Edgar Hernández*

¡Los desatinos y torpezas del alcalde de Xalapa han creado repudio tal que es previsible que Morena no retenga la presidencia municipal!

 

Aun cuando en abierto Américo Zúñiga Martínez no ha hecho pública su aspiración de contender de nueva cuenta por la alcaldía de Xalapa, los yerros y falta de oficio político del atarantado Hipólito Rodríguez, que han llevado al caos a la capital, han provocado un caldo de cultivo propicio para su regreso.

Un regreso por aclamación.

Y es que el contraste ha sido brutal. Hipólito en tan solo unos meses transitó del buen gobierno con equilibrio social, al caos urbano; a un irresoluble problema de basura por toda la ciudad;  a la elevación de los servicios públicos, como el agua; a la imparable corrupción en tránsito y cero intención de recomponer el paraje lunar jalapeño rebosado de baches.

Américo está de plácemes. Hay quien dice entre los suyos que hasta le ha llegado a aplaudir.

Sabe que puede jugar en un par de años sin problema para recuperar para los jalapeños la presidencia municipal ya que la real oposición sería el PAN, pero no Morena que arrasó en la última elección.

Sabe que sin broncas regresaría para reconstruir el entorno de la cultura –La Atenas Veracruzana- que mandó al carajo Hipólito y que el tema de los apoyos federales e internacional en favor de la sustentabilidad ambiental serían recuperados y que regresaría de inmediato el programa de bacheo y calles de concreto hidráulico para las colonias populares y el Centro Histórico.

Acaso Américo empezaría de cero, pero ¡Bendito Dios! ya sin las rémoras que Hipólito Rodríguez trajo de Xochimilco y de Puebla –quesque porque ellos sí sabían cómo hacerlo- y acabaría con los moches por debajo de la mesa y los bonos ocultos que reciben los cuates del alcalde.

Se dice que Américo le da las gracias a esa ternurita porque ni siquiera tendrá que hacer campaña, ni preocuparse por el descenso de su partido que lo habría de abanderar ya que al conjuro de ¡no más Morena para Xalapa!, hasta las colonias más recalcitrantes votarían por echar a patadas a quienes se han empeñado por destruir a la llamada “Ciudad de las Flores”.

Américo y quienes más aspiren a la alcaldía, seguirán alentando a Hipólito con el “¡Ahí la llevas paisano!” para que el rechazo a su gestión se acreciente y en las urnas se convierta en “voto de castigo” para Morena.

Que así siga “¡Que no le pare!”, dicen en los corrillos sus opositores políticos.

Y para la ciudadanía, pues para la ciudadanía –particularmente la jalapeña- librarse de un atarantado que nunca supo a dónde llegó, ni qué tenía que hacer y menos como distribuir el dinero público en favor de sus gobernados.

Y es que en los hechos, sin necesidad de conocer su oscura vida pública y menos la privada, Hipólito jamás estuvo de acuerdo con la ocurrencia de Manuel Huerta Ladrón de Guevara de llevarlo a la Presidencia Municipal de Xalapa.

Tampoco estuvo conforme con alternar con Cuitláhuac García, su enemigo histórico y menos levantarse temprano –y en su juicio- para irse a trabajar y lidiar con tantos problemas que ni le importan y menos resolver.

Hipólito era feliz, un hombre feliz con su vida privada resuelta a su modo, con sus vicios no hechos públicos y esa bohemia que lo mata y a la que no puede regresar ya que todo mundo lo mira con lupa.

En la realidad a este amigo siempre le valió madres Xalapa, pero ahora como alcalde se tiene que ocupar contra su voluntad ya que lo de él, lo de él, es la güeva, los amigos y amigas y sus reposadas investigaciones que tan bien le dejaron financieramente para hacerse de sus cositas.

Así que hoy que no la bebe, sino la derrama, la única herencia que deja a la ciudadanía de parte de Morena es el repudio.

Así que, por eso y muchas cosas más Américo está que no cabe de alegría y cabal agradecimiento.

¡Aplausos!

Tiempo al tiempo.

 

*Premio Nacional de Periodismo