Obviamente desconocedor de la función jurisdiccional porque jamás cursó carrera judicial; acostumbrado a los trastupijes propios del alma priista, en cuya esfera siempre se desenvolvió, ya como operador electoral, ya como funcionario de segundo nivel, el flamante magistrado Edel Humberto Álvarez Peña ha convertido al Tribunal Supremo del Estado en una sucursal de alguna de sus empresas, donde él es rey, nadie le cuestiona y hace y deshace al arbitrio de sus atributos masculinos.

Criticado por sus compañeros magistrados, trabajadores subordinados y abogados del foro porque sus resoluciones siempre adolecieron de desconocimiento de lo sustantivo y adjetivo del derecho, tuvo la fortuna de que llegara a la gubernatura su gran aliado Miguel Ángel Yunes Linares, y que éste careciera de escrúpulos para perjudicar a los veracruzanos invistiéndolo Presidente del Tribunal.

El resultado está ahí. Sus decisiones erráticas están metiendo en un embrollo al órgano jurisdiccional y miles de sentencias podrían ser anuladas debido a su capricho de designar jueces y magistrados sin tener facultades para hacerlo, invadiendo facultades del Ejecutivo y el Legislativo, que son los únicos legalmente autorizados para hacerlo.

Antes ya era tiempo de que se fuera. Ahora ¡urge!