No es fácil recordar algún caso en que ediles de un ayuntamiento del país se hayan rebelado contra la autoridad despótica de un presidente municipal hasta el grado de hacer valer la democracia, que debe ser la característica imprescindible de todo cuerpo colegiado, como es un Cabildo.

En este caso, la síndica y los tres regidores, que representan el 80% de los votos del cuerpo concejal, tomaron la decisión de cesar al tesorero impuesto por el corrupto alcalde Arturo Hérviz Reyes y le han desaprobado al presidente el Programa de Inversión 2019, orientado a favorecer al PRD, su partido.

Este es un ejemplo de que la Ley Orgánica del Municipio Libre debe ser reformada para crear un mecanismo donde la mayoría edilicia pueda proceder con más eficacia a asumir el poder y deshabilitar a un presidente municipal que se niegue a acatar los acuerdos mayoritarios, incumpla con someter los programas al Cabildo y tenga poder privilegiado para convocar a juntas y designar funcionarios.

Basta de esos caciques de rancho que se aprovechan del atávico sometimiento de los ediles y los pueblos.

Hay que acabar con todos los “arturos herviz” que haya en cualquier municipio mexicano.