A Ciencia Cierta
Juan Carlos Andrade-Guevara

A punto de iniciar el ciclo escolar 2019-2020 no se sabe con certeza de que tratará y como se implementará la reforma de la cuarta transformación denominada “la nueva escuela mexicana”. Por lo que han publicado los medios de comunicación nacional, al parecer el currículo actual seguirá vigente por el presente ciclo escolar. El que se geste para la nueva escuela se derivará de una consulta amplia ante el magisterio y la sociedad, al parecer se pondrá en marcha hasta el ciclo escolar 2020-2021.

Y mientras los años pasan, al menos para la educación básica, en menos de diez años llevamos tres reformas curriculares inconclusas. La iniciada en la administración del presidente Felipe Calderón basada en “competencias”, la de Peña Nieto basada en “aprender a aprender” y la “nueva escuela mexicana” que surge de las reformas constitucionales al artículo tercero publicadas en el Diario Oficial de la Federación el 15 de mayo de este año, impulsadas por el Presidente López Obrador.

Desde luego, los que más han padecido esta falta de continuidad programática son los alumnos y docentes. Cuando los docentes y autoridades ya habían aprendido los estándares y los criterios para la articulación de la educación básica, les llegaron los aprendizajes clave del nuevo modelo educativo, el cual trajo también nuevos componentes como la autonomía curricular y el Programa Nacional de Inglés, además de las reformas como el Servicio Profesional Docente y la evaluación al magisterio como criterio para la permanencia. Un año de aplicación del Nuevo Modelo Educativo y otra vez a aprender e implementar los ejes y las bases de esta nueva reforma.

En el taller de capacitación “Hacia una escuela Mexicana” disponible en internet, pueden leerse las palabras escritas por el Secretario de Educación Pública para definir a la nueva escuela, la cual “se contrapone al espíritu individualista, consumista y conservador que implantó el Neoliberalismo en nuestra educación a lo largo de casi cuarenta años. Ahora se dirige –continúa el texto- hacia un horizonte de valores con un enfoque de derechos humanos y equidad educativa”.

En ese mismo texto el Secretario Moctezuma afirma que “se formarán mexicanas y mexicanos honestos e incorruptibles”. Las maestras y los maestros de la Nueva Escuela Mexicana deben asimilar esta filosofía para que se practique y se viva en la escuela, y desde ahí, permee a toda la comunidad”.

Nadie puede estar en desacuerdo con dichos principios, suenan bien. El problema es que tenemos en la CNTE un grupo beligerante y agresivo que hace todo menos cumplir con dichos preceptos. Al no impartir clases a sus alumnos y cobrar un sueldo se vuelven corruptos. Al no querer ser evaluados se duda de su honestidad y calidad académica; entonces, habrá que ver si ahora si, por fin, los niños y niñas oaxaqueños y de las comunidades marginadas de otros estados tienen maestros de tiempo completo, trabajando en forjar la patria que se anhela.

La educación en el siglo XXI tiene por fuerza que renovarse, ser distinta a la luz de los acelerados cambios globales y locales. No podemos seguir trabajando con métodos y principios pedagógicos que no estén acordes a la nueva realidad mexicana.

En esa tarea creo que debemos sumar esfuerzos. Es momento de defender los derechos de los niños y niñas a recibir educación todos los días durante el año lectivo, a recibir una educación de calidad a partir de docentes bien preparados, honestos e incorruptibles como lo propone el Secretario.

Habrá que ver como se implementa y cómo responde la sociedad a estos cambios. Creo que falta comunicar con claridad lo que se quiere. Si bien se criticó al gobierno de peña Nieto del despilfarro en los gastos para la comunicación de su reforma; es importante que no se demerite la importancia de informar oportunamente a la opinión pública los alcances y visión que se tiene para esta nueva reforma.

anguevarajc@nullgmail.com