Jorge Flores

Hace un tiempo leí a un científico que hablaba que nuestro universo estaba perfectamente ajustado, decía que todas las constantes cosmológicas estaban ajustadas de tal forma que era imposible pensar que se debiera a la casualidad o a un hecho meramente fortuito. Recuerdo que explicaba de ajustes en las constantes de un cero seguido de cientos de miles de ceros y un uno, así el ajuste tan fino del universo en el que vivimos.

Explicaba que si movíamos una trillonésima de trillonésima el valor de alguna de las constates cosmológicas, como la gravedad, el universo tal y como lo conocemos no sería posible. Él como cosmólogo solo encontraba dos posibilidades, una era que vivimos en uno de cientos de miles de millones de universos donde el ajuste es perfecto y la vida es posible, y la otra era que hay un gran ajustador, algo o alguien que se tomó la molestia de ajustar todo para que todo sea posible. Recuerdo que dejé la lectura y pase a otra cosa.

En otra ocasión, hace unos años, encontré entre mis libros uno del Dr. Carl Gustav Jung, lo tenía entre tantos otros y decidí leerlo. Nunca me imagine que un libro de un psiquiatra cambiaría tanto mi forma de percibir la realidad. Yo mismo, en alguna ocasión he sido testigo de lo que él llama sincronicidad.

Debo aclarar que estoy convencido que, como humanos, somos seres de dualidad, siempre caminamos en un estrecho camino entre la razón y el pensamiento mágico. En algunos momentos de nuestras vidas, sobre todo bajo estrés o acontecimientos emocionales fuertes, nuestro cerebro tiende a encontrar patrones que den sentido o significado a ciertos eventos que pudieran ser irrelevantes en otras ocasiones. Pero también es cierto que el universo está tan finamente ajustado que es posible que algo o alguien lo haya determinado así para permitir que estos eventos tengan significado en nuestras vidas.

Encuentro en la bondad, el amor, la piedad, la caridad o el solo hecho de ser capaces de hacer arte, algo más que química y física. Creo que es posible que sí exista un gran ajustador que se tomó la molestia de determinar nuestro universo para que todo sea posible y la belleza pueda ser admirada.

Puede ser que en alguna ocasión nosotros mismoshayamos sido testigos de una casualidad imposible, como pensar en alguien que no hemos visto en muchos años y al poco tiempo tener noticias suyas, tener un problema queparece no tener solución y sacar un documento con la fecha de nacimiento de un ser querido que ya no esta con nosotros,o encontrar el amigo que sin tener conocimiento de nuestros problemas, nos regala las palabra perfectas.

Hay dos formas de enfrentar estas casualidades imposibles, la primera es no darles importancia, la segunda es recordar que la misma ciencia jamás tendrá todas las respuestas y puede ser que algo o alguien decide todo para que todo sea como tiene que ser.

A veces es saludable que seamos conscientes de nuestra falibilidad y la incapacidad que tenemos de comprender lo incognoscible, después de todo, caminamos en un muy angosto camino entre la razón y los milagros.