Bermúdez, la barbarie

Línea Caliente
Por Edgar Hernández*

En Veracruz no se pierde la capacidad de asombro.

No salimos de una cuando ya estamos en otra. Y todas para mal. No existe eso de una mala por 99 buenas.

Y es que si no es en el terreno económico-financiero, que es un desastre, lo es en el político en donde el desgarre y enfrentamiento ha dividido a los veracruzanos.

¿Y qué decir de lo social en donde carretadas de pobres –en cinco años hay 500 mil más en extrema pobreza- su suman a la ya de por sí ancestral pobreza?

La industria de la protesta que crece, los jubilados y pensionados que no paran en sus reclamos, los hospitales sin medicinas, las carreteras amén de inseguras hechas un desastre y pueblos enteros verdaderamente molestos contra el PRI y las instituciones.

En materia de seguridad pocas veces se ha observado que desde la misma toma de posesión de su titular Arturo Bermúdez -de modesto carga maletas de Sergio Maya a poderosísimo Secretario de Seguridad Pública- ha sido cuestionado y puesto en tela de juicio su actuar e ineficiencia.

En reiteradas ocasiones se ha reclamado su renuncia, en las mismas que el propio gobernador Javier Duarte ha declarado que “primero me voy yo”.

¿Qué tanto le sabe Bermúdez? ¿Cuánto es su poder acumulado que rebasa la misma potestad del jefe del ejecutivo? ¿Son temas familiares que lo hacen rehén o son asuntos criminales gestados dentro de las propias oficinas de la SSP los que obligan a la complicidad?

Ajeno a las conjeturas, sin embargo, existe un leitmotiv que ahora demanda su remoción.

Es el clamor de organizaciones nacionales e internacionales, la presión de la opinión pública nacional, la exigencia de grupos de derechos humanos y la misma prensa, portavoz de la ciudadanía, la que demanda la dimisión acompañada de la aparición de jóvenes levantados en Tierra Blanca, mismos que al decir del Fiscal General, Angel Bravo, fueron entregados al crimen organizado.

Transcurren los días y nomás no aparecen.

Es más, nuevas fosas clandestinas con decenas de cadáveres quedan a flor de tierra en el traspatio de la Academia de Policía, en el municipio de Emiliano Zapata, pero a los de Tierra Blanca, a diez días de su levantamiento, se los tragó la tierra.

De días atrás los titulares de la prensa refieren que Veracruz está en estado de emergencia por lo que se exige la presencia de un “Delegado Federal” que ponga orden en materia de seguridad pública, algo así como un “Comisionado”, como el que fungió en Michoacán para combatir a las bandas delictivas.

Asimismo se mantiene esa maldita sospecha que dentro de la corporación están los “Matazetas” y una férula ligada al crimen organizado.

Ya por lo pronto el 40 por ciento de los 7 mil policías están reprobados en materia de confianza y confiabilidad. Ya por lo pronto diputados, senadores, partidos de oposición y parte de la opinión pública reclaman la renuncia de Arturo Bermúdez, y ya por lo pronto los criminales siguen cubriendo sus cuotas de asesinatos.

En horas de la mañana de este miércoles 20, el empresario Gertrudis Guizar Valladares fue baleado en las calles de Coatzacoalcos  al tratar de impedir el secuestro de unos familiares.

Dice el Sol de Córdoba que “Hay bandas delictivas en comercios y que los clientes son desplumados sin problemas”. Publica “AZ” que “Hallan más cuerpos en Emiliano Zapata” y el diario “Marcha” que existe una “Ola criminal en el sur”, mientras la opinión de Poza Rica cita a “Veracruz en emergencia”.

La misma prensa nacional refiere respecto a los 5 levantados de Tierra Blanca que “Fueron a festejar y los desaparecen”. Y las televisoras nacionales en sus programas de opinión hacen escarnio del gobierno acaso de manera justa, pero cruel.

¿En qué momento llegamos a ese estado de cosas?

La descomposición de Veracruz está arrastrando a todo un pueblo que ya no ve lo duro sino lo tupido… y la pesadilla que no termina.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo

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