Se acabó la mina de oro.

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Durante muchos años algunos vivales del municipio de Tatahuicapan gozaron de la generosidad de quienes manejaron irresponsablemente el recurso público al concederles 2.5 millones de pesos mensuales desde 2014, a cambio de no cerrar las válvulas de la presa Yuribia que suministra agua a los municipios de Cosoleacaque, Minatitlán y Coatzacoalcos desde los tiempos de Acosta Lagunes, promotor de esa obra. Ese arreglo derivó de la incapacidad y/o connivencia de los negociadores del gobierno que por incapacidad negociadora y comodidad en el arreglo convinieron entregar la referida cantidad a “ejidatarios” cuyo compromiso fue hacer obras con ese dinero, pero obviamente no hay obra alguna que justifique ese dinero. Ya cebados, los beneficiarios soliviantan a la gente y se niegan a otro arreglo que no se apegue al que tienen, obviamente, no resisten una auditoría. Su capacidad de convocatoria es en base al dinero que reciben y defenderán hasta donde les sea posible, pero cuatro o cinco vivales no son el pueblo de la sierra de Soteapan.

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