Partidocracia aliancista.

La fuerza de las circunstancias, su progresivo desprestigio, el  pragmatismo político, la costumbre de vivir dentro del presupuesto, la ambición por las prerrogativas, ha obligado a los Partidos Políticos a establecer alianzas sin importar consideraciones ideológicas, esas que por lo general se quedan en la formalidad de su registro. El incremento del 2.5 al 3 por ciento de la votación general que cada partido debe obtener para conservar su registro los obliga a aliarse con otras fuerzas porque solos difícilmente alcanzan ese promedio; el PRD otrora entre los “grandes” se suma a la pedacería que forman el PVEM, el Panal, el PES y el PT. Claro ejemplo de este fenómeno lo observamos en el Estado de México, en cuyas elecciones interesa cuál de los grandes ganará el gobierno y se tambalea la alianza PAN-PRD; si esta no se concreta el partido del Sol Azteca pudiera comprobar que Morena le comió el mandado.

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