Sobrevivencia política

CAMALEÓN

“En la lucha por la sobrevivencia el más apto es el que sobrevive…”, señala una de las premisas de las ciencias naturales que bien pudiera aplicarse a la política en donde se ajusta a cabalidad. ¿Quiénes son los más aptos? En el mundo animal se atribuye esa categoría al más alto, al más fuerte, al mejor dotado para la lucha, y en la cadena alimenticia en la cima encontramos al hombre, que en términos de altura y fortaleza va a la zaga de otros animales, pero cuenta con un elemento definitorio: la inteligencia.
En política ese atributo se combina con otro de no menor importancia, y quizá de mayor envergadura: la condición humana. No falta el poeta que canta la grandeza del hombre y raya en el romanticismo decimonónico al enaltecerlo como lo mejor de la creación; tesis muy discutible, pero para no bordar en el dicterio que levantaría asegurar todo lo contrario es prudente abandonar ese punto.
Todavía habría un elemento adicional, este bordea en lo determinante: el tiempo y las circunstancias, cuyo dinamismo enmarca el devenir histórico de las sociedades, culturas y civilizaciones. En este marco podemos desarrollar el tema de la sobrevivencia del más apto; de aquel o aquello que se acomoda a las circunstancias para alcanzar sus propósitos.
Pero en honor al detalle debemos agregar otro impulsor de la actividad humana: la vanidad, ese endiosado reconocimiento “al qué dirán”, la supeditación del yo a la soberbia. Por supuesto, pecaríamos de omisos si olvidáramos el sublime prurito por el poder, la famosa vitamina “P” a la que se canta en el llano: “Dale poder a un p%$# y hasta la forma de caminar le cambia”.
Cuando del poder hablamos, en una democracia es obligada la referencia a los Partidos Políticos, instituciones cuya existencia es condición sine qua non para que la ciudadanía decida, al menos en hipótesis, quienes serán sus gobernantes. En nuestra historia más reciente se han creado partidos políticos cuya pervivencia ha estado marcada por su capacidad de adaptación a las circunstancias.
Quienes de esto saben aseguran que el acceso al poder puede darse por la vía militar, por la violencia o sea una revolución, o por la vía electoral, esta última permite el cambio o la permanencia del statu quo por la vía pacífica. Para conseguir el poder es lícita la unificación de dos o más partidos, esta alianza puede ser inducida por un instinto de sobrevivencia o porque con ese procedimiento se garantiza o aumenta la probabilidad de alcanzar el poder.
En la Alemania de 1931 Hitler se vio precisado a constituir alianza entre su partido, el Nacional Socialista, con su fuerte oponente, el Partido Nacional Alemán, para obtener mayor número de elementos en el Parlamento, una alianza “ilógica, absurda y contradictoria” como calificó Cuauhtémoc Cárdenas la del PAN-PRD, pero que atendía al principio sobre que el fin justifica los medios. En México, cuando en 1921, el Partido Liberal Constitucionalista propuso en la Cámara de diputados la creación de un régimen parlamentario, Obregón lo sustituyó creando la Confederación Nacional Revolucionaria, integrada por el Partido Cooperatista Nacional, el Partido Laborista Mexicano, el Partido Nacional Agrarista y el Partido Socialista del Sureste, siglas nada afines pero su unión sirvió para implantar el presidencialismo autoritario.
Si nos referimos a la sobrevivencia del más apto y lo aplicamos a Partidos Políticos en México, para empezar podemos referir que los hubo de poca duración, el PNR y el PRM, por ejemplo, que en el símil familiar fueron abuelo y padre del añoso y exitoso PRI; otros perduraron algo más, el PPS y el PARM, pero fueron paraestatales, es decir, pro PRI, rémoras del Sistema. Por supuesto, destaca el PAN, fundado en 1939, anterior al PRI (1946), aunque abrumado por su lucha frente al poder ha sido un exitoso opositor doctrinario y político; a estas alturas cabe la pregunta ¿cuál de los dos desaparecerá antes?
¿Qué decir del Partido de la Revolución Democrática? (1989), que gobierna cinco estados, la Ciudad de México incluida, alcanzó triunfos políticos resonantes en periodo más corto que el PAN tuvo para conseguir los suyos, pero ahora su evidente decadencia lo obliga a buscar alianzas incluso con el partido genéticamente colocado en su antípoda ideológica, y además porque el surgimiento de MORENA le chupa las entrañas. ¿Morena accederá al poder presidencial o desaparecerá de no conseguirlo? ¿Cuál de entre el PRI, el PAN, el PRD y Morena se extinguirá en lo inmediato? Puede que ninguno, pero lo cierto es que para algunos la probabilidad de sobrevivencia está en proporción directa a sus alianzas con otras siglas.

alfredobielmav@hotmail.com

Deja una respuesta

Botón volver arriba
Cerrar
Cerrar