Ganar perdiendo, corrupción electoral

 Dialogando
Por Abel Domínguez Camacho

 

En estos momentos de las (pre)campañas a nivel nacional y local, ya empiezan las bravuconadas de los coordinadores de campaña, los presidentes de los partidos y, los propios candidatos, descalificando al candidato de enfrente, en ocasiones escupen para arriba o como dicta la sentencia popular, se pegan un tiro en el pie. Lo que sobresale al momento, entre muchos aspectos, atañe a los gastos de campaña.
Entre las reformas electorales figura la referente a la fórmula de financiamiento a los partidos políticos, sustentado a partir de lo que el PRI necesitaba para independizarse y eliminar las transferencias por debajo de la mesa, reforma de 1996 durante el gobierno de Ernesto Zedillo; con ello, el financiamiento a los partidos políticos de cuadriplicó tan solo en esos años. Refiere Luis Carlos Ugalde que “La equidad de 1996 se logró mediante una nivelación hacia arriba y no hacía abajo; eso es, en lugar de quitarle al PRI los recursos ilegales que recibía del gobierno, se les subieron los recursos al resto de los partidos para que el PRI mantuviera su “estilo de vida”…”(Votos comprados, LA COORUPCIÓN ELECTORAL, en Camín Aguilar, Coordinador, ¿Y ahora qué?, México ante el 2018, Ed. DEBATE, 2017).
Los casos de gobernadores hoy procesados por corrupción, especialmente corrupción electoral, muestra que a los principales actores del PRI no les bastó ese “estilo de vida” y fueron por más, no obstante que, actualmente, el organismo electoral proporciona groseras cantidades de recursos para las campañas; se estima que las elecciones de 2018 serán las más caras de la historia de México.
Es de destacar que las reformas electorales y el ingenio de los gobernadores y operadores para triangular recursos, explica que los procesos electorales se caractericen por una importante liquidez y encarecimiento; varias razones lo esclarecen, destaco solo una de las referidas por Ugalde, “…con frecuencia parte de los fondos de las campañas  se queda en los bolsillos de los propios candidatos, coordinadores u operadores de campo”, y Ugalde concluye ” Ser candidato perdedor es atractivo porque pierdes pero acumulas patrimonio. Al final podrás culpar a la autoridad o al gobierno de tu derrota”.
¿Es propio nada más del PRI?

Comentar

Botón volver arriba
Shares
Cerrar
Cerrar