Ramos Gurrión: un político guerrero

CAMALEÓN

Por Alfredo Bielma

Manuel Ramos Gurrión hizo surco, porque dejó huella en el acontecer político veracruzano y en el escenario nacional; tras sí queda constancia de una trayectoria fructuosa plena de acción y enseñanzas acerca del quehacer político, con claroscuros y con altibajos, características del devenir humano.

Ya no más la vida física y terrenal del político nacido en Coatzacoalcos y desde allí proyectado a casi todo el territorio nacional en base a la pasión de su vida: la política. Priista hasta el final, convencido de un quehacer inherente a su forma de pensar desempeñó diversos cargos públicos y ya cerca del ocaso navegó en la medianía sin reparar en críticas malsanas porque aún en ese entorno puso granos de arena entre quienes abrevaron de su experiencia.

Siendo senador, en 1986 estuvo en la antesala del gobierno estatal, pero el 22 de abril de ese año una llamada del CEN del PRI le avisó la decisión contraria con el pedido de felicitar al afortunado, Fernando Gutiérrez Barrios, quien sería el candidato y a la postre gobernador. Eran las reglas del juego que él también había aplicado en las innumerables veces en que fue Delegado priista en N número de entidades, a aspirantes a senadores, diputados y alcaldías.

Manuel Ramos Gurrión aprendió taquigrafía a la par que estudiaba en la Facultad d Derecho, le valió para ocuparse en la Secretaría del ayuntamiento de su natal Coatzacoalcos. Como en política “no hay hombre sin hombre” Ramos Gurrión fue apadrinado por Amadeo González y don Taurino Caamaño Ramos, oriundo de Soconusco que a base de marrullería política junto a Amadeo logró la alcaldía de Puerto México, obviamente con la autorización del gobernador Fernando López Arias, nacido en Suchilapa, municipio de Jesús Carranza. Don Tautino fue el Faro de Ramos Gurrión, pues, talento de por medio, lo introdujo al universo estatal recomendándolo con López Arias y un empujoncito de Amadeo González.

El gobernador López Arias (1962-1968), sin presumir de aquella sobada frase de “la cultura del esfuerzo”, impulsó durante su gobierno a una camada de jóvenes veracruzanos cuyo denominador común fue el talento y capacidad para la maniobra política, puestas al descubierto por quien, López Arias, conocía el fondo de la condición humana. Por él surgieron al servicio público: Pastor Murguía, Manuel del Río González, Manuel Ramos Gurrión, Antonio Vázquez Figueroa, Abel Ruiz Lopart, Francisco Sánchez Contreras, Franco Chirinos, José Ochoa Rodríguez, Pablo de la Cruz, entre otros. Por acuerdo del gobernador López Arias correspondió al joven cordobés Pastor Murguía diseñar y presidir el funcionamiento del Departamento de Acción Social y Juntas de Mejoramiento Moral, Cívico y Material, que por alguna razón a partir de entonces se convirtió en una especie de antesala a cargos de elección popular. Pastor fue invitado a ser Secretario Particular del gobernador y quedó en su lugar Ramos Gurrión, que después fue convertido en dirigente estatal cenopista y diputado local, al igual que Pastor Murguía y Manuel del Río González en le primera legislatura en el gobierno de Don Rafael Murillo Vidal.

Manuel Ramos Gurrión fue testigo de primera línea en dos de los eventos políticos de trascendencia estatal: el llamado “Arriolazo”, cuando el profesor Rafael Arriola Molina, a pesar de haber ganado la elección para el senado en 1970 su caso fue “enfriado” en el Colegio Electoral del senado de la República; fue cuando Veracruz tuvo solo un senador, Samuel Terrazas Zosaya Oriundo de Michoacán, por cierto). Este acontecimiento catapultó a Ramos Gurrión a la presidencia del PRI estatal en lugar de Arriola Molina. En ese cargo vivió de cerca el “Carbonelazo”, una candidatura frustrada al gobierno veracruzano en marzo de 1974, cuando a Manuel Carbonell de la Hoz lo defenestraron desde la cúpula del poder mexicano. (Ambos casos en mi libro “El Ocaso del Camaleón”, UdX 2005).

Político curtido en lides electorales, después de recorrer casi toda la federación mexicana en su carácter de Delegado priista, Ramos Gurrión ocupó la Secretaría de Acción Electoral del CEN priista a invitación del presidente Salinas de Gortari; ese Comité lo presidía Luis Donaldo Colosio cuando en 1989 se perdió la elección en Baja California, dura experiencia, el claroscuro, porque finalmente la política, veleidosa como suele ser, encierra una buena dosis de riesgo para quien la practica, casi casi como la aventura del hombre.

Pero la política es ciencia, la ciencia de lo posible dicen algunos. Lo cierto es que sin ella la convivencia humana sería imposible. Ayer expresó sus condolencias personales a los familiares de Ramos Gurrión el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, quien despuntaba en política cuando aquel era presidente del PRI, llegó sin escolta, guardando las debidas formas. Ese gesto expresa reconocimiento al físicamente desaparecido y que en política lo cortes debiera ser norma permanente de conducta aun militando en frentes encontrados, sin importar las circunstancias porque la importancia del objetivo está por encima de la brevedad humana. Lo hizo también el candidato priista al gobierno de Veracruz, José Yunes Zorrilla, para honrar al correligionario y amigo, en la austera soledad de la húmeda madrugada antes de emprender nueva gira de proselitismo por la entidad veracruzana.

Ya en la póstuma despedida, a Manuel Ramos Gurrión su partido le brindó sentido homenaje en el sitio de sus correrías cuando el ímpetu de la juventud no reconocía límites. El Presidente, Américo Zúñiga, pronunció una elegía póstuma de despedida al militante distinguido, quien hace pocos años regresó a Veracruz a invitación del entonces dirigente estatal Héctor Yunes Landa, en atención a su rica trayectoria, y en emotivo y sustancial discurso reconoció la modestia con que Ramos Gurrión desempeñó, junto con Marco López Mora, otro dechado de experiencias, las tareas partidistas encomendadas. Luchador hasta el fin Ramos Gurrión formó parte de la Corriente Crítica de su partido y al final también probó las mieles amargas de la impotencia por no poder cambiar lo que consideraba inicuo para su partido.

Sí, la política es la aventura del hombre; Ramos Gurrión la practicó con fruición y dejó huella, qué mejor consuelo para sus seres queridos y amigos de aventura. Descanse en Paz.

alfredobielmav@hotmail.com

 

 

 

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