El paso del ganso

CAMALEÓN

Quienes, como quien esto suscribe, frisábamos los 20 años durante la década de los sesenta del siglo XX, aunque ya veíamos en lontananza los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, pudimos observar, acaso extasiados, en cortos cinematográficos y películas sobre el tema, los desfiles militares de las huestes nazifacistas de Alemania e Italia; el Paso del Ganso, o de la Oca, llamaban al acompasado marchar con las piernas en forma recta de los soldados de esos países, eran impresionantes paradas militares, aunque realmente ignorábamos el contenido ideológico que los impulsaba, sus fines y las espantosas consecuencias.

Por supuesto, no existe ninguna similitud histórica ni sociológica entre la barbarie hitleriana con el arrollador paso de MORENA tras su irrefutable triunfo electoral, aquello es evocable solo por asociación, alentada por la afición del presidente López Obrador a los refranes y al lenguaje coloquial que ha puesto en boga lo del “me canso ganso”, símil de su determinante voluntad para alcanzar sus propósitos. La idea del ganso figura ya hasta en tasas para el café, porque, téngase en cuenta que quien la promulga es el presidente de México, y que, por reminiscencias culturales en este país la palabra del Tlatoani es como Vox Dei, de allí que sus prosélitos festinan repitiendo lo del ganso, sin mesurar ni las proporciones ni sus consecuencias.

La evolución política de México, veleidosa al fin, ha transfigurado el mapa sicológico del mexicano, ya no más señoríos, tampoco absoluta adoración acrítica, menos ceguera mental, pero aún quedan rescoldos en la masa popular adonde no ha llegado la necesaria inoculación del pensamiento razonado.

Respecto al mapa sociológico y económico, la realidad nos muestra un México muy diverso, incluidas las numerosas etnias que nos conforman como nación. Tenemos un México de pujante desarrollo económico en el Norte, esa inercia permea con gran impulso hacia el Centro, pero es abismal la desigualdad en el Sur, en donde ni el surco en suelo feraz es productivo.

Esa variada disposición económica y sociológica se refleja políticamente y se traduce en lo electoral, un elemento que el presidente López Obrador tiene bien diagnosticado y lo proyecta en sus prioridades de gobierno: Tren Maya, Corredor Transístmico, nueva refinería, restructura de Puertos en Coatzacoalcos y Salina Cruz, si logra el éxito deseado seguramente impactará en la región con beneficios de desarrollo económico y social y de manera análoga repercutirá en simpatías electorales.

Esto último forma parte de un proyecto de nación postulado por un gobierno que pretende ir al cogollo de los problemas nacionales y orientarlos hacia una denominada Cuarta Transformación, la cual lleva inherentes intenciones acordes con sus propósitos, que son los de permanecer en el ejercicio del Poder Político implementando acciones electorales en privilegio de esos fines.

Pero como el piso es disparejo, a toda acción deviene una reacción y las acciones de AMLO encuentran resistencia, razonadas unas, meramente convenencieras otras; pero siempre será buena la vigencia de pesos y contrapesos para evitar el autoritarismo y combatir el voluntarismo desde la autoridad. De allí la preocupante tendencia presidencial a frustrar el desarrollo de instituciones categorizadas como autónomas, algunas sobrevivirán a su embate, ojalá sean las más por el bien del país.

En la dinámica de cualquier cambio social y político, cuando el protagonista principal es el presidente, ejerce una influencia determinante entre sus seguidores con cargo público, algunos, por imitación pretenderán seguir sus pasos a ciegas, es entonces cuando desfiguran cualquiera buena intención y la pervierten. Pero riesgo mayor aún sería que no fuera por interesado remedo, sino atendiendo consignas en aras de la estrategia para conseguir el dominio pleno.

En el ejercicio del Poder, el discurso es un fiel espejo del pensamiento y la acción, aunque es frecuente el contrasentido entrambos. López Obrador, por caso, primero increpa, amenaza, sataniza a sus adversarios, después convoca al amor y paz a quienes previamente vilipendió. Acusa a gobiernos antecesores de complicidad en el robo huachicolero, e inmediatamente llama a la “reconciliación”: “estamos trabajando juntos, sumando esfuerzos, recursos, voluntades”. Habla de perdón y olvido, y pronto escucha sardónica respuesta de Vicente Fox: “¡Gracias, AMLO bueno! ¡Gracias, mesías tropical! ¡Gracias, profeta justiciero! Nos acusas y perdonas frente al pueblo bueno. Gracias”.

“No vernos como enemigos, si acaso somos adversarios, pero no enemigos, no hay que tener enemigos, hay que vernos como amigos y buscar la reconciliación en todo”, dijo AMLO este sábado en Durango. Sin embargo, la presidenta de su partido, la señora Yeidckol Polevnsky, en su visita hace dos semanas a Puebla discurseó convocando a los de su partido a la resistencia contra la autoridad legítimamente constituida, la gobernadora Erika Alonso (+). Su discurso no tiene desperdicio: “Esa tomada de pelo diciendo que esta señora ganó, no se la cree ni un niño de primaria, aquí Morena arrasó, aquí ganamos todos, usaron el mismo mecanismo que como hicieron el fraude en 2006, la hicieron los mismos: los panistas…” (… ) “… no se equivoquen, la señora que va a ocupar el asiento del Gobernador, no es su jefa, no tienen por qué citarla. Es indigno irse a reunir con esa mujer…”.

Semanas antes, la misma lideresa de MORENA conminaba a diputados locales de todo el país: “Después de tantos años en la oposición— no nos tenemos que pelear entre nosotros; tenemos que coordinarnos porque el enemigo está en otro lado”. No fue muy elegante ni amistosa con eso de “enemigos”, porque la lucha política se establece entre mexicanos cuyo propósito es conseguir un país mejor, independientemente de las siglas partidistas, y en todo caso serían adversarios, como lo proclama el presidente, nunca enemigos.  

En Francia, en 1745, en los llanos de Fontenoy (Belgica) se libró una sangrienta batalla de una alianza entre Austriacos e ingleses contra franceses, con una pírrica victoria de estos; Luis XV recorría el campo de batalla sembrado de cadáveres, el tétrico escenario provocó sublime reflexión hacia su Delfín, quien lo acompañaba: “Hijo mío, ved lo que cuesta una victoria: la sangre de nuestros enemigos es siempre sangre de hombres. La verdadera gloria consiste en restañarla”.

Hasta ahora el “amor y paz” está en el discurso, alternando con la iterativa reconvención contra los del pasado, quienes, excepto Fox, han adoptado prudente silencio. Sin embargo, como postula la Tercera Ley de Newton: “toda acción produce una reacción”. ¡Feliz año 2019!

alfredobielmav@hotmail.com

   

 

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