viernes, septiembre 24, 2021

Cero tolerancia al huachicoleo

POR SI ACASO…
Carlos JesúsRodríguez Rodríguez

*Tragedia pudo haberse evitado
*Aeronaves: útiles en desastres

LA TRAGEDIA ocurrida en Tlahuelilpan, Hidalgo, con saldo de 79 personas fallecidas, 81 heridos y 66 desaparecidos deja muchas lecciones, pero acaso las más importantes para evitar que en el futuro se repitan hechos tan lamentables son: 1.-Dejar de dividir a los mexicanos en “pueblo bueno y malo”, y entender de una vez por todas que las Fuerzas Armadas y las Policías Federal, Estatales y municipales no deben ceñirse únicamente a la convocatoria pacífica de la población cuando se avizoren riesgos que pudieran poner en peligro su integridad, sino que deben actuar con disciplina y determinación para contener a muchedumbres que violenten la ley. Porque robar combustible es de por sí, un delito, y permitir que se lleve a cabo solo porque se trata del “pueblo bueno” no conlleva sino a pérdidas humanas, lesionados y extraviados que ahora se lamentan. En pocas palabras, el Presidente Andrés Manuel López Obrador debe decretar “cero tolerancia” al huchicoleo, sean delincuentes o integrantes de la población que se suman a tareas de saqueo ya sea por voluntad propio u obligados y, 2.-Que los 600 helicópteros propiedad de la Federación no deben ser vendidos por un falso discurso de austeridad republicana y, mucho menos, para demostrar que se predica con el ejemplo. Las aeronaves ya están allí, y deben ser puestas a disposición de las Fuerzas Armadas, Cruz Roja y Protección Civil para en caso de desgracias como la que se acaba de vivir, cuando es menester movilizar a infinidad de lesionados a hospitales de la ciudad de México para su atención. Los helicópteros son esenciales ante esas contingencias, pues solo de esa manera se puede movilizar en tiempo y forma a las unidades de rescate, médicos, enfermeras, aparatos para la atención de la salud, sangre, medicinas e, incluso, canes para rastreo.

SI BIEN es cierto que previo a la explosión por la fuga de gasolina en el ducto Tula-Salamanca que cruza terrenos de Tlahuelilpan, Hidalgo, personal de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) llegó hasta el lugar pero ante el número considerable de pobladores que buscaban llevarse gasolina optaron por replegarse para evitar un enfrentamiento, eso pudo evitarse si la Secretaría de la Defensa Nacional a bordo de helicópteros hubiese hecho llegar suficientes elementos de tropa con instrucciones precisas de no dejarlos pasar, advirtiéndoles que el robo de gasolina, incluso, a menor escala es un delito, pero a la gente se le quiere educar con discursos y peroratas, cuando la delincuencia los tiene amenazados, y la mejor prueba es que tras los hechos nadie ha querido declarar nada, ni siquiera los sobrevivientes, lo que pone en evidencia que hace falta mayor autoridad y menos consecuentarlos, porque a un Presidente de la República se le concede el mandato o mandamiento para velar por la seguridad de los gobernados pero, al mismo tiempo, garantizar la aplicación irrestricta del derecho. Y es que no por ser “pueblo bueno” pueden hacer lo que les venga en gana, arriesgando, incluso la vida. La ley debe ser pareja, y aplicarse como una medida preventiva, pues si bien la tragedia ha sido una cruda y complicada lección, el robo de gasolina seguirá existiendo, porque muchas familias pobres son obligadas y basta ver cuantos bidones surgen ante una fuga, además de que muchas personas, la mayoría, nos atrevemos a decir, ni siquiera tienen un vehículo, y entonces cabe la pregunta: ¿a quién o quienes venden el producto o para quien trabajan?.

Y ES que mientras en Hidalgo la explosión provocada por gasolina fugada de un ducto de Pemex provocaba muertes, en el municipio de San Juan del Río, Querétaro, a pocas horas de la tragedia, un tramo de un gasoducto que transporta gasolina de la refinería de Salamanca, Guanajuato, a la de Tula, Hidalgo, se incendió esa anoche cerca de la localidad Paso de Mata. Y aunque personal especializado de Pemex atendió la emergencia provocada por una toma clandestina en una zona despoblada, no hay reportes de lesionados, según el informe de Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). Si, en cambio, tras el percance sólo se encontró un vehículo calcinado sin restos humanos, lo que permite deducir que sus ocupantes lograron huir tras la nueva explosión. Lo anterior demuestra que el huachicoleo seguirá, ya que esto ocurre tres horas después de ocurrido lo del Estado de Hidalgo.

RESPECTO AL Ejército, la peor ironía es que el pasado 13 de este mes, presuntos huachicoleros agredieron a elementos de la policía militar en Tepeaca, Puebla, tras asegurar una pipa con Gas LP, en las inmediaciones de una toma clandestina en la San José Carpinteros. Un día antes, En Tula, Hidalgo, un grupo de pobladores de Santa Ana Ahuehuepan retuvo durante varias horas a tres militares tras un enfrentamiento entre elementos castrenses y presuntos huachicoleros con saldo preliminar de un civil muerto y un herido. Los militares retenidos fueron golpeados y entregados posteriormente tras un operativo. En suma. No se puede seguir exponiendo a las fuerzas armadas a ser víctimas de la delincuencia y obligarlos a combatir, solo con palabras, el robo de combustibles, pues así como el “pueblo bueno” tiene familia, la milicia, también, y estos últimos no pelean solo por hacerlo sino en aras de la ley y la justicia. Y decíamos que ironía del destino, ya que mientras días antes se les agredió, tras la explosión en Hidalgo las familias les reclamaban porque dejaron pasar hacia el ducto que se incendió a los, ahora, fallecidos, además de que tras la explosión a gritos pedían la presencia militar en auxilio y rescate de víctimas, cuando debería entender el “pueblo bueno” que la milicia solo cumple su deber.

EN TORNO a las aeronaves, lo hemos dicho hasta la saciedad: México es un País de alta sismicidad y desastres naturales que no pueden ser evitados, en pocas palabras, se encuentra en el Cinturón Circumpacífico, que es la zona con la mayor actividad sísmica del mundo. Las placas de Norteamérica, la de Cocos, Pacífico, la de Rivera y la del Caribe interactúan y generan movimientos, de tal suerte que el Cenapred ha dividido al país en cuatro zonas: en la primera se encuentran Entidades que no han tenido reportes en décadas. En esa lista están Zacatecas, Chihuahua, San Luis Potosí, Tamaulipas, Baja California, Coahuila, Nuevo León e Hidalgo. En la segunda y tercera, donde tiembla pero con distancia temporal, está Guanajuato, Sonora, Querétaro y Durango. También Morelos, Estado de México, Puebla, Chiapas, Tabasco, y aunque la Ciudad de México se encuentra en una zona más tranquila, su posición la convierte en receptora de la fuerza de los sismos. En la última zona, donde históricamente se registraron temblores importantes, está Chiapas, Jalisco, Oaxaca, Colima, Michoacán y Guerrero. Y uno se pregunta: ¿para qué vender las aeronaves cuando serían tan necesarias en casos de desastres naturales, entre otros, inundaciones por lluvias, deslaves o crecidas de ríos que impiden la salida de la población?. Ya lo decía el poeta y prosista español Antonio Machado: “Todo terco confunde valor y precio”.
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