viernes, septiembre 24, 2021

Muchos iban con sus garrafones: testigo de Tlahuelilpan

Relacionados

Edgar Pérez Mejía, campesino de Hidalgo de 37 años de edad, llegó con dos familiares al ducto de Pemex perforado en Tlahuelilpan, Hidalgo, porque le dijeron que estaban regalado gasolina.

“Yo no sé por qué fue la fuga, yo nada más llegué porque me dijeron que estaban regalando gasolina. Empezaron a decir que regalaban gasolina y venimos venir un primo mío y un sobrino y cuando llegamos ya había bastante gente, muchos iban de salida con sus garrafones”, indicó.

Pérez Mejía aseguró que cuando llegó al lugar la “fuente” de combustible ya alcanzaba los cuatro o cinco metros de altura.

“Cuando explotó había un promedio de 30 personas adentro de la zanja. Los primeros, los primeros que recibieron el impacto fueron dos muchachos que nomás traían una playera amarrada en la boca, incluso uno yo alcancé ver se quiso brincar para allá, pero iba ardiendo en llamas. Había señoras, niños, ya en el momento comenzamos a correr despavoridos todos”, narró.

“Yo me salvé porque ya había sacado un garrafón y lo vine a dejar y cuando yo regresé por el otro, fue cuando vimos la explosión. Yo vi cuando explotó y apenas iba a entrar otra vez”, contó.

La mayoría de los pobladores de San Primitivo, Hidalgo, que buscan a un familiar, luego de la explosión de un ducto de Pemex la tarde del viernes como consecuencia de una toma clandestina de combustible, afirman que sus padres, hijos, esposos, hermanos o nietos, acudieron por curiosidad.

Pero la actividad del huachicoleo es una práctica común en éste y otras poblaciones cercanas, en las que ellos mismos aseguran, ya han ocurrido incendios, aunque no de la misma magnitud.

Al lugar de la explosión -que dejó una extensa área del terreno de alfalfa cubierto de cenizas, y que durante horas fue un campo repleto de cuerpos rígidos, carbonizados hasta los huesos- llegaron familias completas, con lágrimas y el teléfono en la mano, pendientes de alguna esperanza.

Extraer huachicol es un trabajo a “marchas forzadas”, dice un familiar que sigue de cerca la conversación, y que revela que el litro de gasolina se vende entre 10 y 12 pesos, pero que el que conoce el procedimiento sabe que acercarse a una fuga de esa magnitud es una sentencia de muerte.

“La gente que llegó no sabía (extraer gasolina), venían hasta de Actopan y otros pueblos de por aquí, porque alguien les dijo que aquí estaban regalando gasolina, y ¿quién no va a venir cuando no hay gasolina?”, refiere.

“Para muchos como yo, que no acabamos la secundaria, los huachicoleros también generan empleo para las familias pobres, y los políticos no sufren de las carencias que nosotros sufrimos, y además no vamos a comprar la gasolina a 20 pesos, porque no nos alcanza”, asegura.

La gente del pueblo sigue renuente, no cree en los procedimientos periciales o las investigaciones que realizan para identificar los cuerpos irreconocibles, de los que sólo un análisis técnico-científico podrá arrojar luz sobre sí en verdad, se encontraban esas personas en el lugar y momento equivocado.

Con información de AnimalPolítico

Lo último

Columnas