martes, agosto 3, 2021

Cuitláhuac: los elogios del cártel

Informe Rojo
Por Mussio Cárdenas

Las mantas mantas en Coatzacoalcos * El H, el 80, Mamita, el Pana * El “novio” criminal de la ex fiscal * Finge el gober que carece de información * Así comenzó Duarte * 600 millones que no justifica el yunismo * El juez Porky, destituido * Hijo de la secretaria de Gobernación fue el notario del Pemex corrupto * El recomendado de Rocío Nahle con historial de corrupción * CAEV Coatza: los turistas siguen ahí * Policía municipal con antecedentes delictivos.

Algo tiene Cuitláhuac que fascina a los malosos. Disparan balas y amenazan, siembran miedo y muerte, hacen temblar y huir a la sociedad, pero al gobernador de Veracruz lo cuidan, como los sicarios a los capos, como las chicas malas al hampón.

“Nuestro gobernador”, le dicen, le estampan en mantas colocadas en paredes y calles de Coatzacoalcos, pidiéndole “que nos apoye” contra la banda rival.


“Nuestro gobernador”, dicen los del Comandante H, su pandilla que habla a nombre del “pueblo unido y la resistencia”.

Y acusan que dos delegados de la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz se entienden con El 80 —o El Señor 80—, el ex fiscal de Acayucan, José Roberto Sánchez Cortés, jefe y enlace del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Finísimos, los nuevos fans del gobernador Cuitláhuac García Jiménez hacen pública su vendetta con la banda que le disputa el territorio, las rutas y los consumidores.

Una de las narcomantas —o “nacomantas”— dice del delegado de la SSP en Coatzacoalcos, Samuel de Jesús Castillo, quien acaba de asumir el cargo, que se entiende con El 80, a quien “se le hace responsable de la muerte de la empresaria (Susana Carrera Ascensión) y al delegado por cubrirlo”.

En la manta se usa un doble lenguaje: el de una sociedad que reclama paz y denuncia corrupción entre la SSP y el crimen organizado, y el de los malosos que transmiten el mensaje para mostrarse pro-Cuitláhuac.

“El pueblo está harto que vendan nuestra ciudad marcharemos y no nos quedaremos callados por eso pediremos a nuestro gobernador cuitlahuac garcia que nos apoye” (redacción original).

Mantas como esa —“nacomantas”, les llaman en el viejo Puerto México— no provienen de la sociedad. La autoría, siempre, es de las bandas implicadas.

Otro mensaje fue colocado a media cuadra de la base de la Policía Estatal. Es un agravio, una burla. Nadie vio cómo hicieron, en qué vehículo se movían, cuántos malosos eran.

Y en ella el Cártel Jalisco reivindica el secuestro y muerte de la joven empresaria, deslizando que el dinero por el rescate era una cosa y el fin que perseguían era algo mayor.

“Lo que le pasó a la mujer de Luis Manríquez fue por apoyar a los mugrosos Z del señor Pablo Herrera ‘Mamito’ y ‘El Pana’. El trato era que entregara a esos dos perros pero como no cumplió ahí están las consecuencias. Rato (sic) va para todos los empresarios de cuello blanco que apoyan al ‘Mamito’ y al ‘Pana’. Sigues tú Luis Manrique ya te estamos ubicando. La guerra comenzó. Comandante 20 Comandante 50”.

Místicos, los del H creen en la resurrección. Y creen que Cuitláhuac García los traerá a la vida. Y también al control de la zona, al cobro de piso para ellos, a la industria del secuestro para ellos, a los crímenes impunes para ellos.

“Por eso pediremos a nuestro gobernador Cuitláhuac García que nos apoye”, sentencian hablando a nombre de una población que rehuye involucrarse.

¿Quién es Pablo Herrera? ¿Quién es El Pana? Son lugartenientes de Hernán Martínez Zavaleta, alias El H o Comandante H, preso en el penal federal de Villa Aldama por el crimen de una familia —el padre, un taxista, su esposa y cuatro menores de 6,4,3 y 2 años de edad— y por trasiego de droga, robo de combustible, secuestro y extorsión.

El H permeó en el jet-set de Coatzacoalcos. Se codeó con el poder económico. Brilló en sociedad. Acudía a antros. Tenía amoríos con una chica de origen libanés, siendo el restaurant Port House el punto de reunión. Lo veneraban políticos, ediles, candidatos a cargos de elección popular. Tenía carta abierta en comederos de lujo, en bares, y el favor de alcaldes y ex alcaldes.

Caído en desgracia, un día Pablo Herrera fingió un levantón. Su familia acudió a las oficinas de la Fiscalía Regional y armaron un sainete. Que varias patrullas lo hallaron en su hogar, frente al restaurant de la hermana del H, frente al gimnasio que antes fueron los Petrocinemas, todo con el mismo capital y origen, y frente a Coatza Kids, donde también hay historias de su dueña, un crimen, el de Pepe Férez, funcionario de la Comisión Municipal de Agua y Saneamiento.

Ante la prensa, la familia del Mamito nunca supo explicar a qué se dedicaba el levantado, el nombre de su compañía, la razón de la supuesta detención policía. Habiendo cámaras de vigilancia, no hubo evidencia de la presencia de patrullas.

Ambos se escondieron y vienen operando en las sombras.

Del 80 —José Roberto Sánchez Cortés— hay historia en la luz y en la oscuridad.

De ser un peón en la Fiscalía Regional de Coatzacoalcos pasó al poder total. Lo envió la entonces poderosa Samyra Khoury Colorado, ya fallecida, a Acayucan. Y desde ahí comenzó a operar, a poner de rodillas fiscales menores, a tejer la célula criminal que hoy encabeza.

“Novio” de la ex fiscal regional, según presumía a quienes lo querían oír, Roberto Sánchez Cortés pasó a ser fiscal en aquel municipio, con la información a cuestas, en su usb, los casos consignados ante jueces, los malosos a los que habría que liberar.

Una vez desligado de la Fiscalía, terminó desatando una oleada de terror en el sur de Veracruz. Proliferó el secuestro y la extorsión a comerciantes, profesionistas, todo a nombre del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Por él, por información que conduzca a su captura, hay una recompensa ofrecida desde el gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares. Se le cataloga de altísima peligrosidad.

Hay fuentes del gobierno de Veracruz que sostienen que es de su autoría el secuestro y asesinato de Susana Carrera. Hay otros que afirman que fueron las células del Comandante H las que perpetraron el crimen y lo derivan hacia el CJNG.

Sea como sea, Cuitláhuac García ya tiene su cártel fan.

Le llaman “nuestro gobernador”.

Y de ahí, su indolencia.

Y su desaire a las reuniones de seguridad, a militares y navales, 50 días sin enfrentar la tormenta que sacude a Veracruz. 50 días de ausencia.

De 8:30 a 9 de la mañana, diariamente, se realizan las sesiones sobre seguridad en el salón Juárez del Palacio de Gobierno. Y Cuitláhuac no va.

No acude ni el pseudosecretario de Gobierno, Eric Patrocinio Cisneros Burgos, ni el titular de Seguridad Pública, Hugo Gutiérrez Maldonado. Sólo lo hace quien, a nombre del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, convoca, el superdelegado Manuel Huerta Ladrón de Guevara. Y con ellos, a contrapelo del gobernador, el fiscal yunista Jorge Winckler Ortiz.

O sea que a Cuitláhuac le importa un bledo el presidente López Obrador.

Cuitláhuac García enfatiza que hay vacío de información. Miente.

Cuitláhuac García arguye que el fiscal oculta quiénes están detrás de secuestros y crímenes. Miente.

Cuitláhuac García acusa que los canales de información están cerrados. Miente.

A diario su oficina de gobierno recibe los informes de mandos policíacos y de la Fiscalía. Y hay acuses de recibo que lo acreditan.

Usa el conflicto la violencia y el baño de sangre con filo político. Deja hacer, deja pasar.

Al estilo Javier Duarte, finge reforzar la seguridad, fortalecer los cuerpos policíacos, abrirle los brazos a la Guardia Nacional, pero a los militares y navales no los fuma, no los pela.

Al estilo Javier Duarte, va por su policía de élite, como la Fuerza Civil que a la postre terminó implicada en desapariciones, tortura y muerte.

Hoy, los de las mantas le llaman “nuestro gobernador”.

De ahí al Cártel de Cuitláhuac hay sólo un paso.

 

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