El Presidente se desgasta

El Presidente Andrés Manuel López Obrador ha manejado diestramente el simbolismo nacional para hacer que los mexicanos se identifiquen con él. El nombre de su partido, que se enlaza con la memoria de la Virgen de Guadalupe, su hablar folclórico y pegajoso, el impulsar ceremonias ancestrales de los indígenas, la presentación de sus 100 puntos enmarcada por temática amerindia, los héroes escogidos como sus inspiradores ideológicos, etcétera, todo es muy bien planeado y ha constituido un hit.

Pero aunque su inesperada exigencia al Rey de España de una solicitud de perdón histórico tenga un matiz civilizatorio e intermediario hacia el afianzamiento de la igualdad, es un tópico académico inútil que lo está desgastando. Simplemente es algo carente de urgencia, cuando las prioridades deben centrarse en el logro de la igualdad social, pero en el interior del país.

Que España se disculpe o que deje de hacerlo, en nada ayuda a la creación de empleos, la garantía de la seguridad pública, el combate al crimen, la consolidación económica y todos los asuntos que sí son prioridad, urgencia, e imperatividad nacional.

Simplemente es perder el tiempo y desgastar la imagen.

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