Alberto Sosa, se retira del Poder Judicial

¡Luego de 45 años al servicio de los veracruzanos!

 
De litigante a Presidente del Tribunal Superior de Justicia y del Consejo de la Judicatura del Poder Judicial de Veracruz, Alberto Sosa Hernández cierra este viernes un largo ciclo de vida laboral.
Se retira “no me iré de Xalapa y estaré pendiente de cualquier consulta” con los honores que da haber servido a Veracruz en tiempos convulsos en donde la justicia evitó ser burlada hasta donde se pudo ante el avasallamiento del poder ejecutivo.
“Se moderniza el poder judicial, se modificaron los textos supremos, se crearon los juicios orales, se descentralizó en ciudades judiciales y se avanzó y sigue avanzando en la expedición de la justicia”, dice este cortés abogado que apenas cumplirá, el próximo lunes, 70 años.
“¡Me voy hermano; creo que ya cumplí”, dice con modestia el prestigiado abogado quien guarda en la memoria a dos distinguidos veracruzanos Fernando Gutiérrez Barrios y Luis Espinosa Gorozpe.
Nacido en Lerdo, desde los 14 años trabaja. “Empecé ayudando a mis padres en el campo”, luego migró a Xalapa a estudiar en la UV de donde egresó en 1974.
Tras graduarse, se integra al Poder Judicial como defensor de oficio y de ahí sin parar por más de cuatro décadas, siempre con ánimo y congruencia, siempre en el respeto total ante un poder ante el cual hay que presentarse en día a día de manera impecable ya que “la presencia y el buen porte es parte sustantiva de la investidura”.
Su vida, ha estado llena de anécdotas.
Unas buenas, otras malas y una que otra risible cuando en aras de criticar su gestión como máximo representante del Poder Judicial, se publicó que poseía tremendo yate de varios millones de dólares que tenía anclado en su pueblo natal, Lerdo, cuando “en Lerdo no hay ríos, no hay mares, ni un triste charco en donde poner a flotar el yate de 30 metros de eslora”.
Para Alberto, fueron largos los años de tarea judicial en Chicontepec, Pánuco y Coatzacoalcos, luego Xalapa y Veracruz.
En 1983 fue considerado el “Mejor Juez de Primer Instancia”, siempre distinguido por su honestidad lo cual lo llevó a prepararse en tres posgrados en la Universitat de Girona, España.
Este viernes Alberto –el Alberto de Lerdo- se va.
“Me gusta leer, soy un poco flojo para escribir; voy a observar el mundo que heredamos a quienes nos han sucedido y estoy terminando mis trámites en el Instituto de Pensiones en donde me han dicho ¡imagínate! que hasta dentro de dos meses me podrían empezar a pagar lo correspondiente a mi jubilación que ni creas que es tanto… pero no me quejo”.
Para Alberto Sosa Hernández trabajar en épocas convulsas en donde se hace tabla rasa de todo, donde el solo hecho de trabajar en el servicio público te vuelve sospechoso de todo, no fue nada fácil, particularmente cuando se es el “presidente del máximo organismo judicial de Veracruz”.
“Hubo necesidad de caminar con tiento sin despegarse de la legalidad, sin atreverse a meterse en la corrupción que es un camino sencillo, pero de alto costo. De mi paso por el tribunal ahí está todo… me voy con la frente en alto”.
De terno azul opaco, con corbata brillante del mismo tono, cabello y bigote entrecanos, zapatos café claro al tono, y su muy característica sonrisa, Alberto Sosa –como siempre- se muestra amigo; antes de la charla, muy afable pregunta por la salud de este reportero, por la familia, por los hijos; reitera la amistad y “ahora que estoy a punto de dejar el trabajo, habrá más tiempo libre para juntarnos ¿qué no?”.
“Hace unos días, el pasado lunes, me reuní con mis pares en un desayuno, me adelantaron mi cumpleaños y también nos juntamos por mi retiro ¡Fue muy grato!.. el lunes toca a la familia”, dice con señalado orgullo.
Y evoca su paso por el poder judicial.
“Estar al frente del Tribunal Superior de Justicia y del Consejo de la Judicatura es una tarea harto complicada. Es la lucha permanente por el equilibrio de poderes. Es la lucha constante por la legalidad. Es adecuarse a la modernización y pasar largas noches en vela”.
¿Qué le deja a la institución?
“Bueno, en lo material ocho ciudades judiciales, 39 salas de juicios orales, predios para la construcción de nuevas ciudades y juzgados, la satisfacción de observar que el nuevo magistrado presidente, don Edel Álvarez Peña, ha continuado la tarea con señaladas innovaciones y el convencimiento del deber cumplido en compañía de ese solidario grupo de magistrados que me acompañaron en mi jornada, un jornal que después de un largo y arduo trabajo me premia con el descanso”.
¿Con que se queda?
“Hoy, que recién desaparece del mundo terrenal el cantautor Alberto Cortés, me da la oportunidad de evocar un momento de su canción: Que suerte he tenido de nacer/de tener la opción de la balanza/sopesar la derrota y la esperanza/con la gloria y el miedo de caer…”.
Tiempo al tiempo.
 
*Premio Nacional de Periodismo

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