Honestidad y gobernanza

CAMALEÓN
Por Alfredo Bielma Villanueva

Durante muchos años hemos asimilado que la política conlleva insumos patrimonialistas, es decir, se participa en política para lucrar y enriquecerse a costa de los demás, no para servir, sino para servirse del desempeño de un cargo público. Desafortunadamente, la realidad es rica en casos de esta naturaleza, recientemente lo padecimos en lamentables experiencias con Fidel Herrera y Javier Duarte de Ochoa, maestro y discípulo, junto con la caterva de cómplices coadjutores en el desvalijamiento de los veracruzanos. En ese tiempo se pervirtió el sentido original de la política, se la despojó del decoro y quedó convertida en un cochinero irreconocible.

Desde esa perspectiva es entendible el discurso del presidente López Obrador en Antón Lizardo Antaño, cuando para establecer comparaciones hizo apología del gobernador Cuitláhuac García y descuidó el elogio a Virgilio Uribe y José Azueta, tradicionalmente vitoreados en esa ceremonia conmemorativa. Son tiempos de cambio y transformación, según la voluntad de López Obrador, y sin duda las circunstancias lo refrendan, pues antaño, cuando el presidente de la república expresaba públicamente su estimación y apoyo hacia un gobernador, de inmediato se especulaba su arribo al gabinete para más tarde hacerlo candidato presidencial, lo cual no parece ser el caso de Cuitláhuac García, para quien ese respaldo político representa un buen respiro, pero a la vez una carga adicional, pues está obligado a corresponderle a quien lo hizo gobernador, empleándose, ahora sí, a fondo en la responsabilidad a su cargo. No la tiene fácil: inseguridad pública al tope, pobreza extrema, desigualdad social in crescendo, pago a proveedores, recursos limitados, deuda pública insolvente, colaboradores inexpertos y sin estatura para enfrentar el reto.

Durante muchos años de la primera mitad del siglo XX los veracruzanos presumíamos de ser unas chuchas cuereras en política: “en Veracruz el más chimuelo masca plomo” y “el calvo peina trenzas”, se decía para expresar una supuesta habilidad política o innatas aptitudes para “la grilla”. Pero eran los efectos de haber tenido dos presidentes veracruzanos de manera consecutiva, Alemán y Ruiz Cortines, fue la época de oro de Veracruz en política. Después, ya huérfanos de esos paradigmas, no se reflejó en la entidad beneficio alguno. Con Patricio Chirinos vino el presidente Salinas a ofrecer todo para Veracruz, pero solo fueron fuegos fatuos; Fidel Herrera, le sacó a Fox grandes cantidades de recursos de los excedentes petroleros, pero no se reflejaron en beneficios sociales; Duarte entregó recursos nuestros para intereses de grupo, así le fue y así nos va. Ahora, López Obrador levanta el brazo a Cuitláhuac y ofrece todo el apoyo, pero después de tantos cuentos, estamos como el de la burra arisca.

Las expresiones laudatorias del presidente de México hacia el gobernador Cuitláhuac García pueden interpretarse de diferentes maneras, tantas como fobias y filias haya, pero no alcanzan a calmar al alicaído ánimo de los veracruzanos, que no encontramos la salida a la temible situación de inseguridad que padecemos. Si Cuitláhuac García es honesto, qué bien, si es bueno, mejor, si es inteligente con convicciones, ayuda, sin embargo, eso no basta “para garantizar la paz y la tranquilidad”, como quiere convencernos el presidente. Cuitláhuac García cuenta con el valioso aval presidencial, eso vale, pero queremos se convierta en el eje propulsor contra la delincuencia y para propiciar el despegue económico de Veracruz, si esto no fuere así, seguiremos caminando al filo de la navaja.

O al filo de la butaca, como lo hace el fiscal veracruzano, Jorge Winckler, quien ha podido sortear el embate de la inoperante embestida local, pero ahora enfrenta al poder descomunal del presidente de la república, y en nuestro país la palabra del Tlatoani suena a trueno, son palabras mayores. Winckler no responde a los intereses del gobierno de Cuitláhuac García, aunque paradójicamente ha servido de pretexto para justificar el nulo avance de la lucha contra el crimen. Es frágil su situación porque durante el gobierno de Yunes Linares la autonomía de su cargo no apareció por ningún lado, luego entonces, su perfil no es confiable para el gobierno actual. Lo lamentable radica en que está en juego la vida y tranquilidad de los veracruzanos y la confrontación entre Winckler y el gobernador no aporta buenos dividendos. Pero la admonición presidencial fue clara, y tentarles el agua a los camotes sería temerario.

Desde el interior de la sociedad, la expresión de uno de los poderes fácticos más dinámicos, la Iglesia, es de profundo clamor: “Esta alegría de la comunidad cristiana por las fiestas de la pascua se contrasta lamentablemente con otra realidad que lastima y llena de miedo a la sociedad, nos referimos al ambiente de muerte que está presente de forma innegable en toda la entidad veracruzana”, fueron pronunciadas por el prelado José Manuel Reyes Suazo, vocero del arzobispado xalapeño, en cambio, desde el poder político, reverbera, otra vez, el vacuo sonsonete: “En Veracruz, el que la hace, la paga”, eso dice Eric Cisneros, secretario de gobierno.

Homicidios y secuestros menudean por doquier en la entidad, Minatitlán, el viernes, luego el asesinato de la alcaldesa de Mixtla de Altamirano, su esposo y el conductor, inspiran la interrogante: si la violencia se resuelve con honestidad, y Cuitláhuac García es honesto, entonces, ¿por qué Minatitlán y Mixtla? El silogismo es impecable, sirve para operación lógica, pero la realidad exige y obliga a acudir a ¿la última? instancia: instalar en el sur veracruzano una de las coordinaciones de la Guardia Nacional, non plus ultra.

alfredobielmav@hotmail.com

26- abril- 2019

 

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