El decoro político

Con Fidel Herrera y Duarte de Ochoa el decoro político tocó fondo, nunca antes de ellos un gobernador había trivializado a niveles insospechables la conducta de un gobernante, para una ciudadanía madura y mejor enterada como la veracruzana (ojo: no el pueblo bueno y sabio) resulta desesperante advertir conductas de esa naturaleza en quienes ejercen el poder. Ser rijoso resulta congruente con quien está peleado hasta consigo mismo, no para quien desde el gobierno debe guardar la compostura y respeto al cargo, por este motivo no es agradable observar al gobernador Cuitláhuac García en actitud pendenciera y retadora cuando la enfermiza realidad exige atención inmediata. Porque se pierde el decoro cuando se acusa sin comprobar, actitud que el presidente López Obrador asume con frecuencia en las mañaneras, y no se ve bien aun siendo el presidente, pero al menos es el original y el Tlatoani mayor, las copias no son buenas, aún es tiempo de rectificar.

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