El PRD en trance agónico

CAMALEÓN

El Partido de la Revolución Democrática cumplió 30 años de haber sido fundado, creado de una de las costillas del lado izquierdo del Partido Revolucionario Institucional por destacados militantes priistas, entre ellos, Cuauhtémoc Cárdenas, ex gobernador de Michoacán e hijo del ex presidente Lázaro Cárdenas propulsor de la creación del Partido de la Revolución Mexicana en 1938, inmediato antecesor del PRI, y Porfirio Muñoz Ledo, ex dirigente nacional del Revolucionario Institucional, en cuya extensa y rica biografía que habla de su versatilidad política se encuentra haber coadyuvado para que, por primera vez en la era del predominio priista (1976), llegara al senado, un militante del partido “opositor”, Partido Popular Socialista.

Aquella fue una gran ruptura al interior del PRI (que entonces contaba 41 años de fructífera existencia), cuando en 1987 se escindió de sus filas la llamada Corriente Crítica, formada a su interior en protesta por la adopción por el gobierno de De la Madrid de un nuevo modelo de desarrollo económico, el neoliberalismo, abandonando el del nacionalismo revolucionario, aboliendo el estado de bienestar, y la cada vez mayor injerencia en la cúpula priista de un nuevo perfil de militante: Los Tecnócratas. Fue un fuerte diferendo que impactó conciencias, si lo ubicamos como una de las raíces de las fijaciones del actual presidente de México.

En 1988 se integró el Frente Democrático Nacional que usando el registro del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana postuló a Cuauhtémoc Cárdenas, se sumaron otras siglas de la izquierda mexicana logrando levantar una expectativa electoral no vista desde 1952, cuando el general Enríquez Guzmán hizo ruido opositor contra el candidato del PRI a la presidencia, Adolfo Ruiz Cortines. La candidatura de Cárdenas “prendió” y entusiasmó a la oposición política al PRI, generando la percepción de que era posible vencer al partido hegemónico. Nada hay que pueda demostrar que la elección de 1988 la haya ganado el FDN como para presumir el fraude electoral del que tanto se habla, porque en realidad el Frente no era un partido ni tenía estructura, tampoco tuvo tiempo para armar cuadros en todo el territorio nacional.

Tan discutible era el hipotético triunfo cardenista que al año siguiente (1989), en las elecciones para gobernador en Baja California Sur, ya convertido en Partido Político, la votación para el PRD fue muy menor a la del PAN, que con Ernesto Ruffo como candidato se alzó con la victoria y el PRD obtuvo menor votación de la recabada allí por el Frente Democrático Nacional.

Así empezó la treintañera carrera del PRD, alimentada desde sus inicios por priistas que lo presidieron desde sus arranques: Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, López Obrador, etc. La gran cosecha perredista empezó 9 años después de su creación cuando ganaron buen número de diputados federales y el gobierno del Distrito Federal, en 1997; y antes de terminar el siglo el PRD ganó los gobiernos de Zacatecas y Tlaxcala llevando como candidatos a los ex priistas Arturo Monreal y Alfonso Sánchez Anaya, también Baja California Sur, con Leonel Cota Montaño.

El 5 del mes en curso el PRD cumplió 30 años de existencia, desde aquel 5 de mayo de 1989 al presente en materia política han acaecido un sinfín de hechos en los cuales este partido tuvo acentuada participación y fue elemento motriz para que sucedieran. Con inicios arrolladores presionó al presidente Salinas durante su mandato y lo orilló a aliarse con el PAN, cuya estrategia colaboracionista de ese entonces le rindió frutos en el año 2000 con la alternancia en la presidencia. El Sol Azteca llegó a gobernar en 11 entidades federativas, el emblemático Distrito Federal y ser la segunda fuerza política de México. Pero como partido opositor, respecto al PAN que este año será octogenario, pinta ahora para una existencia fugaz, porque el PRD está a punto de desaparecer, o en convertirse en un partido aliancista para poder subsistir.

Entre 1997 y 2016 el PRD gobernó el Distrito Federal, Tabasco, Guerrero, Morelos, Baja California Sur, Chiapas, Zacatecas, Tlaxcala y, junto al PAN (es un decir), Veracruz, Oaxaca, Nayarit, Durango, Quintana Roo. Actualmente gobierna en 360 municipios, dos son capitales, Tepic y Chilpancingo, destacan Venustiano Carranza en la CDMX, Nezahualcóyotl en el Estado de México, pero está lejos de su etapa dorada, cuando en 1997 tuvo 125 diputados y en 2006 aumentó a 158, igualmente en senadores 16 y 36 respectivamente. Debe reconocerse que López Obrador lo dirigió exitosamente, pues con él al frente ganaron el Distrito Federal y las primeras entidades, Zacatecas y Baja California Sur, pero, paradójicamente, su salida para formar Morena marca el declive y acaso exterminio del PRD, aunque el jaque mate le correspondió a los inefables Chuchos.

Desde una perspectiva objetiva, considerar que el Partido de la Revolución Democrática podría recuperar fortaleza reconfigurando sus órganos internos, pero sin tocar sus dirigencias sería un diagnóstico erróneo, porque en realidad requiere cirugía completa, después de la enorme transfusión de militantes y cuadros directivos hacia MORENA. La penosa realidad del PRD se refleja, entre otros indicios, en que perdió el registro en 10 estados del país: Aguascalientes, Chihuahua, Coahuila, Colima, Jalisco, Nuevo León, Querétaro, Sinaloa y Sonora; de los 16 presidentes de su Comité Ejecutivo Nacional, ocho ya emigraron y ya solo gobierna Michoacán con Silvano Aureoles. A treinta años de su fundación el PRD requiere de una transformación a raíz, tirar mucho lastre, los Chuchos incluidos, conservar el registro, pero cambiar de nombre, olvidarse de las tribus, y elegir una dirigencia capaz de convencer a quienes aún permanecen en sus filas y a potenciales militantes de un cambio genuino. Ya tendremos oportunidad de saber hasta dónde le alcanzará su transmigración de un partido de tribus a otro con menos fardo dogmático y sectario.

alfredobielmav@hotmail.com

9- mayo- 2019

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