Indómitos tiempos

David Quitano                   

Lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar

Bertrand Russel

Mientras escribo esta columna, se me vienen a la mente un sinfín de sucesos sobre los que podría comentar en materia social, económica y por supuesto de seguridad. La hecatombe diaria acude como un espectro que erosiona la capacidad social de asombro, destacando el énfasis sobre la ausencia de destrezas en el manejo de diversos temas, situación que se posiciona como una constante en numerosos caminos de la administración pública.

Al respecto, destaca la reforma educativa, la reforma laboral, el debate sobre el Tren Maya, el Aeropuerto de San Lucía, y ni se diga el Plan Nacional del Desarrollo PND (2019-2024). Mismos que sin duda, son temas que por su envergadura tienen implicaciones sobre la trascendencia de México en el nuestro futuro.

Tópicos que son un verdadero banquete para el análisis, sin embargo, tanta información parece que despliega un espectro vilipendioso, debido a que el ambiente se torna denso y convulso. Pensar que los cambios penetraran de forma uniforme, sería muy airado, ya que, ante la pluralidad nacional, aplicar visiones unidireccionales sin el consenso, como dictan las políticas públicas, advierten incredulidad.

No podemos olvidar que, en política, como en la vida, no hay sumisión en la coincidencia, ni enemistad en la discrepancia. A todo gobierno, cada día le queda menos tiempo, pero si trabaja bien, se puede ser recordado y valorado, de lo contrario quedará como otro penoso tiempo perdido en la larga carrera de la búsqueda del bienestar.

Menciono lo anterior, porque revisando someramente el PND propuesto el día 1 de mayo de 2019 por la administración en turno, con profundo asombro observé que carece de diversos cuerpos que son necesarios, para posturas que como pueblo nos puedan trasladar hacia mejores estadios de desarrollo, dichos pétalos ausentes son el diagnóstico y las líneas de acción.

Al no tomar en cuenta los dos puntos anteriores, la planeación solo será un manifiesto de buenas intenciones y buenos deseos. Porque uno como administrador público quisiera construir un sinfín de obras que beneficien a los que menos tienen y así trasladarlos al camino del desarrollo, pero para ello, se requiere saber con cuánto se cuenta, para optimizar y dar mejores resultados que impliquen verdaderas transformaciones.

Cabe destacar que, con pena, iniciamos el mes con una serie de datos de orden económico, que prenden las alertas, como es la contracción en la regular tasa de crecimiento económico que se venía presentando en nuestro país durante al menos los últimos 60 meses, condición que durante el primer trimestre del año cayó, en el mismo renglón los ingresos públicos no llegaron a la meta planeada, de acuerdo con información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Lo anterior se destaca en el Informe Trimestral de Finanzas Públicas y la Deuda, mismo que la SHCP detalla que, entre enero y marzo de este año, los ingresos públicos se colocaron debajo del programado. Se esperaban 1.36 billones de pesos y sólo ingresaron a las arcas del gobierno federal 1.3 billones de pesos.

Ante esa situación, el sector público no se animó a ejercer el gasto durante los tres primeros meses de 2019. Hacienda dio a conocer que entre enero-marzo, el gasto neto pagado se ubicó en un billón 345 mil 414 millones de pesos, monto inferior al previsto en 86 mil 572 millones de pesos. A su interior, el gasto programable fue menor en 65 mil 458 millones de pesos y el no programable en 21 mil 114 millones.

En suma, nos resta realizar una inferencia del porqué se da este comportamiento, en principio es que si bien, el grueso de la población tiene confianza en el gobierno federal, dicha certidumbre no es compartida por inversionistas o consumidores cuando se les encuesta sobres cuáles son las expectativas económicas que tienen sobre el país, al responder el indicador no ministra saldos halagüeños.

Deseo que las condiciones económicas mejoren a partir de la generación de incentivos, ya que la relación entre el bienestar económico y la seguridad es significativa, no hay apocalipsis peor que recesión y alta incidencia delictiva al mismo tiempo.

 

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