La dramática ruta de Veracruz

CAMALEÓN

En perspectiva, para entender cuanto ocurre en la entidad veracruzana ¿a partir de cuándo podemos iniciar un somero recorrido analítico que nos ilustre sobre las causas y consecuencias del actual acontecer veracruzano? Esta realidad no es obra de la casualidad sino la acumulación de acontecimientos de índole nacional y estatal de severo impacto en la entidad, con profundas huellas en el contexto socioeconómico y el político, basta con destacar la secuencia alternada de tres partidos en el gobierno estatal en el corto lapso de cuatro años para dimensionar la medida de los cambios y su correlativo impacto en la sociedad. Si pudiéramos exponerlo gráficamente la mejor idea sería la trayectoria de un cometa y la larga estela que lo acompaña.

En principio, no debe pasar inadvertido que en lo que va del siglo XXI Veracruz ha tenido 5 gobernadores y tres partidos políticos han asumido el mando, en este breve lapso hemos observado la alternancia del PRI al PAN y del PAN a Morena, lo cual refleja con meridiana claridad la dinámica política veracruzana. ¿A qué se debe esa versátil voluntad electoral del ciudadano veracruzano? Si intentáramos resumir la explicación tomando como base las nefastas administraciones de la dupla Fidel- Duarte pecaríamos de reduccionistas, si bien en ese maligno almácigo se encuentra el origen de muchos males del sector público estatal. También en el contexto federativo se encuentran raíces ilustrativas.

Recordemos que en la elección federal de 1997 el PRI perdió electoralmente el gobierno de la Ciudad de México y la mayoría en la Cámara de diputados, este partido transitaba por un periodo de acentuada inestabilidad debido a los constantes cambios de dirigente, pese a que ya en el umbral de la sucesión presidencial el escenario se complicaba por la pugna interna entre Roberto Madrazo y Labastida. Para entonces, el PAN y el PRD habían aumentado su cuota de municipios y gobiernos estatales, el PRI ya no estaba solo en el diorama político de México. En Veracruz, en 1997 el tricolor sufrió la más apabullante de las derrotas hasta ese entonces conocida, 107 municipios dejaban de ser gobernados por el PRI y señalaban mal diagnóstico porque en 1998 concluía el gobierno de Patricio Chirinos, venía la sucesión de gobierno y el PRD hacía ruido, ¿a quién postular para garantizar el triunfo?

El PRI requería de unidad interna, pero varios aspirantes pretendían la candidatura, destacaban dos precandidatos de elocuente trayectoria: el ex presidente del PRI, Gustavo Carvajal y el senador Miguel Alemán. El presidente Zedillo optó por este último, cuyo nombre decía mucho al electorado veracruzano, para evitar conflictos “invitó” a Carvajal a hacerse cargo de CAPUFE y así dejarle libre el camino a Alemán, quien a su vez cabildeó en el PRD de Cuauhtémoc Cárdenas para desactivar la candidatura de Ignacio Morales Lechuga, pues éste actor político representaba una opción verdaderamente competitiva. Queda para la especulación el desenlace electoral veracruzano de 1998 si en vez de un candidato anónimo como Arturo Hervis, el PRD hubiera presentado a los electores al ex secretario de gobierno de Acosta Lagunes, sin duda, con muchas credenciales a su favor.

Nombre del candidato y la estructura priistas, aunado a que Morales Lechuga fue postulado por el Partido del Trabajo, partido realmente minoritario, se conjugaron para otorgarle un holgado triunfo a Miguel Alemán Velasco, a quien le correspondió trabajar cuatro años con Vicente Fox como presidente, pues el PRI perdió por amplio margen la presidencia de la república en 2000. La pérdida de la presidencia provocó una reconfiguración priista, ya que sin el presidente como eje rector, antigua fuente de las consignas y decisiones partidistas, los gobernadores pudieron designar candidatos y sucesores a modo. Alemán decidió por Fidel Herrera Beltrán, dejando un legado fatídico pues con Fidel se marca un auténtico parteaguas en la entidad veracruzana, y no necesariamente porque haya hecho buen gobierno, sino por todo lo contrario. Alemán hizo un gobierno con obra pública plausible pero insuficiente para Veracruz, dejó una deuda de 3 mil 500 millones de pesos, que Fidel abultó exponencialmente sin que en el escenario social haya dejado constancia de la aplicación de los recursos así conseguidos. El de Fidel fue un gobierno de retórica pueblerina, “cercano a la gente”, “itinerante”, pero tuvo necesidad de dejar sucesor a modo para cubrirle las espaldas.

Ese fue Javier Duarte de Ochoa, “digno” sucesor de Fidel, continuador del patrimonialismo inoculado por su maestro, continuismo idóneo porque cubrió las culpas del padrino, a quien imitó con creces en materia de corruptelas, aunque le fallaron los cálculos, pues no alcanzó a poner en práctica la misma estrategia que lo hizo gobernador, por su desafortunada gestión y voracidad sin límites está encarcelado. La inseguridad se fue al tope, la desigualdad social se acentuó y el descontento y hartazgo social se manifestaron en la votación de 2016 favoreciendo a Miguel Ángel Yunes Linares, el candidato del PAN, para cumplir un mandato de dos años, muy corto lapso para un gobierno que encontró un panorama desolador. Sin embargo, era escenario propicio para hacer la diferencia, porque con poco que hubiera hecho subrayaría un deslinde favorable. No fue así, porque Yunes Linares no aprovechó la oportunidad para aliviar las angustias del pueblo veracruzano, sino para consolidar un proyecto personal de características dinásticas.

La sociedad veracruzana siguió sobre ascuas, en medio de una inseguridad al tope, oteando en el horizonte la llegada de un salvador que viniera a arreglar el abandono social, la pobreza extrema, a sacar al sector salud de la penuria, elevar de categoría las carreteras tercermundistas, castigar la corrupción generalizada, ese mesías era López Obrador, quien ofrecía seguridad apenas ganada la elección, que con solo ganar abatiría la corrupción, que el ejército retornaría a sus cuarteles, que creceríamos al 6 por ciento, por tales expectativas le entregó el “voto parejo” para gobernador, diputados y senadores. Y así fue, la ciudadanía le entregó toda su confianza a este líder carismático, y en Veracruz al candidato de Morena al gobierno estatal.

Por esa circunstancia ya gobierna en Veracruz Cuitláhuac García, pero el reto que enfrenta luce por encima del equipo que conformó, la población está a la espera pero no gusta lo que hasta ahora se advierte, porque no  hay signos para el optimismo de ver cumplidas las expectativas sembradas durante la campaña. La inseguridad pública marca el ritmo de la vida cotidiana, menguan las fuentes de trabajo, los indicadores económicos no acompañan al optimismo presidencial ni al discurso del gobernador, el sur, centro y norte de la entidad veracruzana sufren psicosis de peligro, no hay tranquilidad social. La esperanza sigue viva, pero en cinco meses, si bien son pocos para evaluar, no hay indicios que señalen un nuevo y mejor derrotero. ¿Quo Vadis, Veracruz?

alfredobielmav@hotmail.com

4- mayo- 2019

 

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