AMLO también levanta su muro… con el resto del mundo

Articulista invitado
Héctor Yunes Landa

​Son muchas las razones que impulsan al presidente López Obrador a establecer un renovado aislacionismo como la actual política exterior y comercial de México.
Algunos lo atribuyen a la poca comprensión que tiene del escenario internacional, unos más a su escasa preparación académica y la dificultad que le representa no hablar ningún otro idioma, y en general, a un trasnochado nacionalismo sobre lo que deben ser las relaciones internacionales contemporáneas. Producto de estos tres factores, el Presidente cree que son mayores los beneficios de separarse de la comunidad global.
El mandatario lo justifica en una simulada austeridad, acusando derroches en el pasado; cree firmemente que la mejor política exterior es la interior –lo que implica que no distingue a una de la otra-, porque “no se puede ser candil de la calle y oscuridad de la casa”. Bajo este sofisma, el Presidente levanta muros y promueve el aislacionismo. Es un gobierno inmóvil.
López Obrador es profundamente ignorante de las relaciones internacionales, por ello no le interesa la política exterior y tampoco el comercio con otras naciones. A unos cuantos días de presentar su Primer Informe de Gobierno, no ha recorrido un solo país y considera que las visitas oficiales son un derroche de recursos públicos.
Alguien debe explicarle que el ahorro en viáticos y protocolo resulta muy caro frente a los acuerdos, negocios y cooperación internacional que México ha perdido en estos meses. Hasta ahora, nos guste o no, el comercio exterior y la apertura han sido fundamentales para crear riqueza; no habría otra forma de entender la irrupción de China como la próxima economía más grande del mundo.
Pero si la ausencia del Presidente en los principales mecanismos de cooperación internacional es de suyo muy grave –a finales del mes de junio rechazó asistir a Japón a la Cumbre del G20-, el cierre de las representaciones de México en el extranjero agudizará la crisis de nuestras relaciones internacionales y la debilidad de nuestro comercio exterior.
Este fin de semana, el gobierno federal confirmó el cierre de las representaciones comerciales de nuestro país en Uruguay, Canadá, Francia, China, Japón y Bélgica, a más tardar en el mes de octubre. México sólo se quedará con dos oficinas –la de Ginebra en Suiza y la de Washington D.C. en Estados Unidos-, de las ocho representaciones internacionales que se tenían; su control pasará a manos de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Estos cierres ordenados por la Ley de Austeridad se suman a la clausura de la oficina permanente de México ante la Organización Mundial de Comercio (OMC). La decisión será un duro golpe para los empresarios –exportadores e importadores- que contaban con una ventana de atención en estos países.
Resultado de una racionalidad primitiva, como sucede en prácticamente todas las áreas de la administración federal, la cuarta transformación confunde premeditadamente el gasto con la inversión. El costo de mantener estas representaciones en el exterior es mucho menor que los beneficios que representa la inversión extranjera en nuestro país.
El comercio con China y Japón, por ejemplo, son estratégicos para alcanzar un equilibrio en nuestro comercio. El cierre de nuestras representaciones comerciales, en particular con estos dos países, pronto se dejará sentir en nuestra economía.
En lo que va de esta administración, México ya registró una caída de ocho lugares entre los países que más Inversión Extranjera Directa (IED) reciben en el mundo; la cancelación de los grandes proyectos de infraestructura, la debilidad de la inversión productiva del gobierno, el informe sobre un crecimiento 0 de la economía y la previsión para lo que resta del año, hace que se busquen nuevos mercados. Esa era precisamente la tarea de estas representaciones.
En el próximo mes de septiembre se realizará la Asamblea General de la ONU. Hasta ahora el Presidente no ha confirmado su asistencia; en caso de no hacerlo se estará borrando la presencia de México en la arena internacional.
Pensar que el mundo inicia en Macuspana y termina en la ciudad de México nos costará muy caro.

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