La sociedad civil ante los problemas públicos

Gobernar es cambiar hábitos, quien gobierna sin cambiar hábitos no está haciendo nada para la sociedad.

John Locke

Siempre he considerado que la confianza es el valor supremo de la convivencia humana. Para que ésta sea grata, tiene que estar presente en el vínculo de las relaciones individuales, y en la relación pueblo-gobierno.
Si ese vínculo se rompe, lo mismo le sucede a la construcción de escenarios adecuados para la expansión social y el bienestar.
Por ejemplo, el concepto que me instruyeron desde pequeño sobre la responsabilidad social, que tiempo después con las lecturas propias de mi profesión Max Weber titularía “ética del deber”, misma que está relacionado con el ejercicio de una determinada profesión con ahínco y razón de Estado.
Menciono lo anterior, porque considero que uno de los grandes apuntamientos que todo pueblo para generar sinergia, a la dinámica motriz del gobierno, radica en las bases sobre las cuales se encuentre edificada la sociedad civil para interactuar con quienes encabezan los poderes de la unión.
Dicha disposición no solo es un “tipo ideal” de corte constitucional en términos jurídicos, sino también una aspiración para el desarrollo. En ese sentido, algunos de los mayores logros en el México moderno se deben a la sociedad civil organizada, quien acciona así, la ética del deber que comenté anteriormente.
Es importante porque sendos estudios de corte teórico, argumentan que la presencia de una sociedad civil sólida es esencial para asegurar la democracia para la paz, seguridad y desarrollo. La idea de sociedad civil, de este modo, se vincula a la agrupación de individuos que desarrollan actividades en la esfera privada.
Alexis de Tocqueville es considerado como uno de los ideólogos más significativos del liberalismo, así como un precursor de la denominada sociología clásica por su magna obra, “La democracia en América”.
Tocqueville entiende a la sociedad civil como un grupo de instituciones y organizaciones cívicas de carácter voluntario y social, que cumplen funciones de mediación entre el Estado y los individuos.
También contemplaba la presencia de las organizaciones no gubernamentales dentro de este conjunto de sociedad civil, aquellas que no persiguen el ánimo de lucro, tales como fundaciones, asociaciones, colegios profesionales, comunidades religiosas y universidades.
Expongo lo anterior, en el marco de que actualmente ante la embestida que sufren las organizaciones no gubernamentales, es obligatorio recordar y defender sus funciones.
Por eso, es tan importante que la participación cobre vida, que los ciudadanos seamos escuchados y nos adueñemos de la agenda pública, que exijamos el cumplimiento a las instituciones a pie juntillas. Ya tenemos un marco constitucional y legal para emprender una etapa que verdaderamente les recobre la voluntad a los sectores populares.
Lo anterior, ya que, como caso típico, desde la polifonía y la diversidad, debe surgir una voz común que nos recuerde que México es tan grande como lo quiera su ciudadanía, y que la calidad de su democracia depende de la participación argumentativa de sus habitantes y gobernantes en los diversos ordenes de la cosa pública.
 
*Profesor Investigador del Colegio de Veracruz. Integrante de la Comisión de Selección del Sistema Estatal Anticorrupción. Catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad Veracruzana.
 
 
 
 

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