¿Por qué los mexicanos hacen trampa?

Juegos de Poder
Leo Zuckermann
 
Me resultó muy inquietante la lectura de un artículo en el número semanal que circula de la prestigiosa revista británica The Economist. Se titula: “¿Por qué el maratón de la Ciudad de México atrae a tantos tramposos?”. Resulta que, según la susodicha pieza periodística, este evento deportivo —tan común en tantas ciudades— es donde participan más corredores fraudulentos de todos los que se llevan a cabo alrededor del planeta. Vaya honor.

The Economist da cuenta de cómo muchos “maratonistas” comienzan la carrera, después se suben al Metro y se vuelven a integrar para llegar a la meta en un mejor sitio. Otros contratan corredores con mejores tiempos para competir en su lugar, de tal suerte que puedan calificar a maratones más elitistas, como el de Boston. “El año pasado, cinco mil de los 28 mil corredores que terminaron fueron descalificados. Cientos más fueron expulsados a mitad de carrera”, afirma la revista.
El Maratón de la CDMX es, por tanto, donde más se expulsan competidores de todos, lo cual afecta la reputación de tan importante evento deportivo. “Los corredores intransigentes esperan calles despejadas sólo para encontrarlas llenas de gente que se salta la ruta, dice Derek Murphy, de Marathon Investigation, un blog dedicado a denunciar las malas prácticas deportivas en todo el mundo. Este año, una campaña publicitaria está promoviendo la honestidad. Por primera vez, los tramposos serán prohibidos de por vida. Eso podría ser suficiente para mantener a raya a los corredores chocolate”.
Qué vergüenza.
¿Por qué demonios nuestro maratón es el más sucio de todos?
Como siempre, hay, por lo menos, dos explicaciones.
Una es la institucional. Hacen trampa porque se puede, porque no se castiga a los tramposos. La impunidad explica la proliferación de las prácticas fraudulentas. Bueno, pues como este año prometieron expulsar de por vida a todos los corredores que hayan cometido una trampa, pues uno esperaría un importante decrecimiento en el número de bribones. He buscado en internet la información de los descalificados del evento que se llevó a cabo el fin de semana pasado, pero no la he encontrado. De los 30 mil corredores que compitieron este año, ¿a cuántos expulsaron por tramposos? En 2018 fueron cinco mil, de acuerdo a The Economist. En 2019, ¿fueron más o menos? ¿Funcionó o no el castigo de expulsar de por vida a los pillos?
Resultaría muy interesante ver los números. El asunto podría convertirse en un buen ensayo académico porque, como siempre, está el otro factor que explica por qué algunas veces sí se respetan las reglas y otras no. Me refiero, por supuesto, al asunto cultural.
En todos los países se cometen trampas. Pero hay enormes diferencias. Más allá de la existencia de instituciones que premian la honestidad y castigan los chanchullos, hay quienes piensan que esto también tiene que ver con razones educativas y normativas. Países donde socialmente se ve mal al tramposo y países que observan a los bribones como modelos a seguir.
Evoco, aquí, la anécdota de un amigo que estudió la preparatoria en Inglaterra. Durante su primer examen, el profesor se salió de la clase y dejó a los estudiantes solos a que contestaran la prueba. El mexicano no lo podía creer. Fiel a sus instintos, aprovechó la oportunidad para hacer trampa. Sin ningún recato, sacó el libro de texto para copiar las respuestas. Cuando regresó el maestro al salón, varios estudiantes lo acusaron. Mi amigo no lo podía creer: lo estaban delatando sus propios compañeros. Atónito, lo llevaron con el director quien, pacientemente, le explicó que en esa escuela no se veía bien que un caballero (sí, un gentleman) copiara en un examen. Era una cuestión de honor. No lo castigaron, pero entendió la lección: nunca volvió a copiar.
Regreso, entonces, a la pregunta de este artículo: ¿por qué los mexicanos recurren frecuentemente a las infracciones maliciosas de las reglas del juego incluyendo, como reporta The Economist, en el maratón de la Ciudad de México?
Soy de los que piensa que ambos factores —el institucional y el cultural— se combinan para explicar esto. Incluso, creo, van de la mano. En este sentido, hay que trabajar en ambos carriles para desterrar la trampa en nuestro país. Trampas que nos ponen en vergonzosas situaciones en el mundo. La distinción, por ejemplo, de organizar el maratón con más corredores tramposos de todo el planeta.
                Twitter: @leozuckermann

Comentar

Botón volver arriba
Shares
Cerrar
Cerrar