La nave encalla

Rolando Cordera Campos

“Sin reforma fiscal, naufragio de la 4T”, encabeza Enrique Quintana su editorial del pasado martes 3 y no le falta razón ni sustento. El complejo estatal mexicano parece haber dedicado demasiados esfuerzos para evitar las verdades elementales de la partida doble y ahora la contabilidad implacable pasa la cuenta.

Sin reforma hacendaria, la nave no va. Así podríamos cifrar las conclusiones que, desde hace meses, circulan en las comisiones de Hacienda y Presupuesto del Congreso de la Unión, en particular la responsable de analizar la propuesta de Presupuesto de Egresos que la Secretaría de Hacienda habrá de presentar el día 8 de septiembre.

De hecho, fue el propio presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, Alfonso Ramírez Cuellar, quien no solo ha alertado sobre el (mal) desempeño de los ingresos públicos en el año, sino ha sugerido explorar nuevos impuestos y restablecer derechos que la demagogia panista dio por muertos, como la tenencia de automóviles.

Empero, no todos ven las mismas necesidades. Nada de aumento a los impuestos ni de nuevos tributos, fue la apresurada y no menos desmesurada respuesta del gobierno y del liderazgo de la Cámara, anunciando así otra jornada de recortes y mal entendida austeridad que el Presidente presenta como ahorros virtuosos, sin querer ver que los supuestos ahorros, derivados de recortes y proyectos cancelados o pospuestos, es una merma difícil de subsanar en el futuro y que en el presente dañan las capacidades instaladas del Estado, en la infraestructura física, la salud, etcétera.PUBLICIDAD

Presa de sus propias creencias en materia fiscal y económica, la 4T puede tener que encarar pronto no sólo una avalancha de reclamos pospuestos o de plano insatisfechos, sino decepciones que puedan alojarse en el corazón de la coalición triunfadora, aunque no necesariamente gobernante. De ser así, se minarían algunas de las plataformas discursivas y programáticas que el gobierno ha puesto en juego para afianzar sus entendimientos con las cúpulas de la empresa y el capital para echar a andar la urgente recuperación de un crecimiento económico ausente ya por demasiadas décadas.

Estos remolinos no son simples imaginaciones emanadas de la “ciencia lúgubre”, siempre dispuesta a documentar los pesimismos que nublan las visiones de la felicidad y la alegría que pregonan la mirada y el discurso presidenciales. En realidad, se trata de escenarios posibles, emanados de las turbulencias inevitables propias del desplome del sistema político plural y de la acción de zapa que realiza Morena en donde debería alojarse el proyecto de nuevo régimen tan anunciado como evanescente. Precisamente ahí, en la Cámara de los Diputados, se lleva a cabo una inadmisible alteración de acuerdos y reglamentos relacionados con su gobierno interior y forjados en los treinta años que ha durado el régimen plural plasmado en el Congreso, con poca o ninguna correspondencia con el Poder Ejecutivo.

Esta miopía respecto de la necesidad de un régimen republicano, fehaciente y flagrante precisamente en los asuntos fundamentales y constitucionales inscritos en el gran tema de las finanzas del Estado, debería reclamar la atención urgente del Congreso porque de otra forma corremos el riesgo de vernos varados en mil y un litigios, amparos, descontentos y desamparos. La finanza siempre es política y más vale asumirlo ya.

Crear una suerte de fortaleza republicana, articulada por el Congreso de la Unión y sus mayorías, podría ser el baluarte de despegue para lo que, desde diferentes núcleos “epistémicos”, ven como inminente: un choque externo recesivo.

Arrecifes y corrientes de mar de fondo, conforman un escenario adverso y hostil. Para evitar un (otro) naufragio hay que entrarle ya a la reforma, tributaria desde luego, pero rumbo a una cirugía mayor de la hacienda pública… Y del Estado.

Botón volver arriba
Shares
Cerrar
Cerrar