Lola la Trailera a escena

Por Sabino Cruz V.

No haya nada más gratificante y placentero, mi paciente y condescendiente lector(a), para quien anda en las andadas del teatro que encontrarse con un buen actor, una buena obra, una buena dirección y una buena asistencia del respetable. Hallazgo que rara vez se da en la ciudad capital de los veracruzanos, sea porque la agrupación está en ciernes, el texto y la poética del director no empata con la propuesta dramática del autor (que ahora es costumbre que él/ella mismo(a) escriba o adapte la obra), por carecer de una investigación más profunda del sentido de las palabras, la construcción  psicológica del personaje, la historia de vida y el contexto o porque el profesional de la escena, ha caídos en un letargo, rayando en la mediocridad, y solo sale a recitar la parte que le toca del discurso escénico.

Placer gratificante generado por la obra Gloria (o de cómo una trailera se robó mi corazón de niño), unipersonal escrito, actuado y dirigido por Freddy Palomec, que se presentó en el Foro Área 51 (www.cartelera.area51teatro.com). Placer reconfortante al ver la gesticulación, el desdoblamiento, la expresión corporal, la evocación de imágenes y la tristeza por la partida de Moloc, el único amigo del actuante/personaje. Placer que mueve a repetir el acto de retroceder la cronología personal, recordar la primera marca en el corazón y el primer deseo fugaz.

Puesta en escena ágil y dinámica construida a partir del recuerdo idílico de un personaje del cine nacional que marca a toda una generación, conocida popularmente como “Lola la Trailera” (Rosa Gloria Chagoyán para los fifís), y el deseo de conocerla en persona, Gloria (o de cómo una trailera se robó mi corazón de niño), es un canto a la amistad, una loa al mejor/la mejor amigo(a) que la vida nos da la oportunidad de escoger (o que nos escojan).

Con una sobriedad de recursos escenotécnicos, movimientos escénicos mesurados, ambiente luminoso ergonómico, ritmo y tono de voz preciso, verdad escénica y fuerza dramática, Freddy Palomec, lleva al espectador por un viaje nostálgico a través de lugares comunes vivenciado en la escuela primaria,  como lo es el pupitre que se comparte con el compañero de salón, los juegos a la hora del recreo, los primeros poluciones del cuerpo producidos por el objeto de deseo, la preconciencia del significado y valor de la amistad.

Todos, o casi todos, tenemos una Gloria y un Moloc en nuestra vida, una vana ilusión y un amigo que transitó en la construcción de nuestra personalidad; más no todos tenemos la capacidad de vivenciarlo como lo hace en escena el actor/personaje. Se agradece al dramaturgo el viaje a los recuerdo con esta obra. Viaje, con destino fijo, pero sin escala, que arranca a la edad de los cinco años y que concluye a los once al ver a la distancia el objeto deseado: Lola la Trailera. Objeto del que se recibe un beso lanzado al aire, y que pondrá fin al periplo que contó con la complicidad y ayuda del amigo fiel y desinteresado de 13 años. Moloc, adolescente/adulto que representa los valores más puros de la amistad.

Actor en plana madurez escénica, me parece que este es uno de los papeles más difíciles que ha interpretado en su ya larga carrera como integrante de la Compañía Titular de Teatro de la Universidad Veracruzana. Difícil no solo por estar solo él y su circunstancia en la escena, sino por tener que mantener la atención viva del espectador, medir el ritmo y nivel la apreciación, hacer que le siga y crea la ficción, al mismo tiempo de no perder el juego escénico que propone desde que juega al yoyo o tira el trompo. Hazaña de la que cada noche sale vitorioso y le coloca como uno de los más sólidos actores de la escena nacional.

Pero baste ya de rigores mi bien amado, paciente y condescendiente lector(a), no te atormento más con recuerdos vanos. Mejor, ponte trucha y anda con tu mejor amigo(a) a ver “cómo una trailera le robó el corazón a un niño de once años”, y cómo de este robo nace una amistad. Sé tu propio constructor del gusto por el teatro y juez de la actuación de los actuantes. Por último, con el permiso de mi amigo Luis Marín (Tonycandil) tomo algunas de las imágenes para esta Bitácora. Hoy por hoy su trabajo es un referente visual del movimiento escénico veracruzano.

NOTA: Me parece que hay un desface entre el tiempo que se transcurre la ficción (14 de junio de 1985 dixit el actuante) y la emisión de los nuevos pesos (1 de enero de 1993). Pido al dramaturgo me lo aclare.

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