Serenata de amparos

Perder amparos no es algo novedoso para el Poder Judicial de Veracruz. Los juzgados del fuero común tienen récords, quizá únicos en la República, por la enorme cantidad de juicios en cuyas sentencias son corregidos por el Poder Judicial Federal, gracias a que existe ese maravilloso e imprescindible instrumento que es el juicio de garantías.

Sin embargo, por primera vez en la historia del Tribunal Superior de Veracruz se da el hecho, inédito, insistimos, en que el Poder Judicial está perdiendo amparos contra sus propios integrantes. Jueces de primera y de segunda instancia han recurrido a la protección de la Justicia de la Unión para combatir las determinaciones de carácter político con las que han sido suspendidos, cesados o removidos de adscripción.

El último caso ganado por un letrado es el de la magistrada Concepción Flores Saviaga, quien ha logrado que se le ubique en la Octava Sala Familiar, a lo cual se negaba el Pleno, como se sabe, incondicional del político priista Edel Álvarez.

Con tantos amparos perdidos y las inconformidades públicas de las barras y colegios de abogados contra la pretensión reeleccionista del coatzacoalqueño ¿aún no se dan cuenta sus colegas magistrados del grave daño que el Presidente le ha hecho a una institución que debe caracterizarse por su venerablidad? Ya hubieran hecho algo.

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