AMLO y los periodistas

El presidente López Obrador está sometido a la dura presión de los acontecimientos y tal condición podría ser la causa de sus exabruptos contra los medios de comunicación cuyas publicaciones reflejan el diario acontecer de México, convulso en materia de inseguridad pública, incierto en lo económico por el acentuado estancamiento. Reforma, El País, la revista Proceso y ahora hasta la Jornada han sido blanco de los señalamientos presidenciales, incluidos por consiguiente en la alusión al respecto que le merecen perros inmediatamente después de repetir aquello de “muerden la mano de quien les quitó el bozal”. Ese embate manifiesta una visión maniquea de nuestra realidad, del “si no estás conmigo, estás contra mí”, olvidándose que la misión del periodismo es la de transmitir la realidad, narrar el curso de los acontecimientos a la sociedad. El presidente asegura que no ha estigmatizado a los periodistas, sin embargo, en el decurso de sus mañaneras los ha calificado de “conservadores”, “fifís”, “hampa del periodismo”, “doble cara”, “prensa opositora” etc., ahora los ubica como sus “adversarios”. Esto es polarizar el ambiente, pero ¿qué necesidad?

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