Breve reflexión sobre la integración

Por Juan José Llanes Gil del Ángel

Entiendo y reconozco la legitimidad de la que está investido el reclamo de las mujeres en México. Indudablemente, viven un clima de violencia extrema, por donde se mire, inaceptable. Violencia física, violencia moral, violencia política, violencia institucional, violencia legal. Sobre esto, mucho podría escribirse.

Empero, quiero compartir estas ideas:

Hace muchos años, un buen amigo homosexual, me platicaba sobre un colectivo en el que participaba en pro de la defensa de los derechos de la comunidad LGBTTTIQ (en aquel tiempo no se le identificaba con esas siglas). Interesado que he estado siempre en los temas vinculados a los Derechos Humanos, y convencido de que la preferencia sexual no debe traducirse en un menoscabo en la dignidad de nadie, le expresé mi interés por participar en alguna de sus reuniones.

Su respuesta fue un “no” rotundo. Me hizo ver que ante mi condición de heterosexual yo no podía tener cabida ahí. Que la violencia y discriminación hacia su comunidad procedía de los heterosexuales. Que sería mal visto. Que mi presencia podía considerarse una forma de agresión.

Muchos años después, en 2016, coincidentemente estaba en la CDMX para un trámite, y en un sábado de junio pude presenciar la marcha que, anualmente, realiza la comunidad LGBTTTIQ en la capital del país. Muchísima gente. Lo más edificante fue ver que, en la caminata del Ángel al Zócalo, marchaban también familias heterosexuales. Era una multitud multicolor, claro. Lo mismo drag queens, que gente de saco y corbata.

Creo que cuando la comunidad LGBTTTIQ definió que los heterosexuales también podemos pugnar por los derechos de quienes no lo son, hubo avances importantes. Al final, siempre fue cierta la premisa: no todos los heterosexuales son homofóbicos.

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El 28 de agosto de 1963 desde las escalinatas del Monumento a Lincoln en el contexto de la Marcha en Washington por el trabajo y la libertad, Martin Luther King Jr. pronunció uno de los discursos más poderosos que haya emanado de un ser humano, identificado como “Tengo un sueño”.

En la Marcha, la más importante de la Historia en pro de la defensa de los derechos civiles, humanos, y políticos de la comunidad afroamericana en los EEUU, participaron también “blancos”. Luther King sabía que el sector del que -obviamente- procedía la discriminación y el odio hacia los afroamericanos en su país, era el de “blancos”. No incurrió en la distorsión cognitiva que implica la generalización, y dijo:

“Esta nueva militancia maravillosa que ha abrazado a la comunidad negra no debe conducir a la desconfianza de los blancos, ya que muchos de nuestros hermanos blancos, como lo demuestra su presencia aquí hoy, se han dado cuenta de que su destino está atado al nuestro.”

Y así es. Para Luther King resultaba fundamental que se entendiera que no todos los “blancos” son racistas.

Creo que las palabras del Dr. King son un buen referente:

“No saciemos nuestra sed de libertad tomando de la copa de la amargura y el odio. Siempre debemos conducir nuestra lucha en el elevado plano de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física.”

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Me enteré por los medios de lo acaecido ayer. Creo que habría que advertir: no todos los hombres son sexistas, machistas, trogloditas, violentos, violadores, acosadores. Sin embargo, vi mujeres rociándole pintura en aerosol a hombres que coincidieron en su manifestación, al grito de “hombres, no”.

Es absurdo, claro, pensar en una militancia activa de hombres en movimientos feministas. Pero existe un término que abrazaría, en el caso, la intención masculina de simpatizar “con las creencias de una organización, en particular de una de tendencia política extremista, pero sin llegar a pertenecer a la misma”: “compañero de ruta”, que, creo, puede -a pesar de todas sus vertientes y variables- adaptarse bien al caso.

Como sea, no creo que puedan existir avances sustanciales en ese proceso de concientizar a la sociedad sobre el tema de la violencia hacia las mujeres, mientras en su lucha haya exclusión hacia los hombres y hacia otras mujeres que no comulgan con los métodos de comunicar el mensaje, violencia para repudiar la violencia, generalizaciones injustas y seres humanos rociados con pintura.

Todo mi respeto a quien piense lo contrario.

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