Un muro, la solución autoritaria

Ayer se cumplieron 30 años del derrumbe del oprobioso muro de Berlín, fecha cumbre porque también señala el fin del comunismo, la derrota de una ideología que no pudo o no supo concretar en realidades el sueño de un mundo igualitariamente feliz. Alemania seguía sufriendo los estragos de la guerra, que se prolongó en su territorio amargamente dividido por una línea que separó al Este del Occidente, separación que caracterizaba al autoritarismo burocrático y “la libertad democrática”. Las generaciones treintañeras desconocen el significado y las vicisitudes de la Alemania de los fatídicos años que demoró esa terrible barrera de inhumana inspiración, familias enteras fueron separadas por la narrativa ideológica. La presidenta de Alemania, Ángela Merkel, lo describe muy bien: “El Muro de Berlín, damas y caballeros, es historia y nos enseña que ningún muro que mantiene afuera a la gente y restringe la libertad es lo suficientemente alto o ancho para que no pueda derrumbarse”, 19 de noviembre de 1989, todo un hito en la Historia de Alemania, que debiera servir de elocuente mensaje a Donald Trump, a ver si entiende.

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