Falleció doña Elvira Estrada, la matriarca de O´belis

Eran otros tiempos…

Por TOÑO JUAREZ


Protagonista indiscutible del Xalapa que se reinventaba cada noche ensayando nuevas maneras de ser feliz; del Xalapa que se modernizaba sin perder su candor, ni sus aromas de azahares, ni los brillos de luciérnagas, ni su luz de Luna; doña ELVIRA ESTRADA DE RODRIGUEZ, desde O’belis Club nos ofreció a los jóvenes de la época, un espacio para el esparcimiento cuando se empezaba a acuñar una acepción diferente del término antro y, moviendo la creatividad de la familia, generó nuevas maneras de diversión en espacios de entretenimiento que se tornaron alegres y cosmopolitas.

Doña Elvira fue pilar de una familia de jóvenes visionarios y emprendedores cuyas aspiraciones para su vida profesional y empresarial no se quedaron en bosquejos sino que se convirtieron en guías de trabajo para ser, desde entonces, excelentes personas.

De carácter firme y actitud solidaria, doña Elvira compartió con aquellos jóvenes que tanto disfrutamos O’belis su experiencia a través de consejos valiosos que nos sirvieron para navegar en tiempos difíciles y hasta de carencias, siempre acompañándonos con un abrazo y una sonrisa generosa.

Quién, que se precie de saber vivir, no disfrutó a plenitud las noches de amigos en el O’belis Club, donde por arte de magia se desprendían de investiduras personajes encumbrados de celebridad reconocida en la sociedad, en la academia, en el arte y en el mundo de los negocios, para integrarse en un torbellino de gozo sin fin, con música novedosa producida en tornamesa y con long plays de vinil de portadas extravagantes y coloridas.

Xalapa, el mundo todo, ha cambiado. El siglo XXI llegó casi por sorpresa, separándonos, envolviéndonos en redes que nos sectorizan, que nos están convirtiendo en comunidades cínicas, carentes de humanidad, de humildad y hasta de decencia.

Hacemos este balance ahora que perdemos a doña Elvira, ahora que nos quedamos sin otro de los personajes que le daban significado a la vida en sociedad, que fortalecían e inspiraban nuestros anhelos de superación y de dignidad.

Con estas palabras quiero unirme en un abrazo fraterno a sus familiares y amigos, y con ello agradecerle a doña Elvira su alegría y su solidaridad, sus enseñanzas y su ejemplo.

Doña Elvira no se ha ido, se queda con nosotros, y muy especialmente, en mi corazón.

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