Quinta Edición del Festival de Monólogos Xalapa 2019

Por Sabino Cruz V.

Te has preguntado en algún momento mi bien amado, paciente y condescendiente lector(a) qué es el Teatro, qué de suyo tiene de interesante como para se abran escuelas, funden compañías, realicen festivales, se etiqueten recursos públicos, se establezcan políticas públicas para el fomento, investigación, creación y difusión del arte teatral, y más reciente se permita a los particulares (personas físicas y morales) aportar recursos a un proyecto de inversión y disminuir el monto del pago de su impuesto sobre la renta causado en el ejercicio. 

Te comparto estas dudas porque lo que se está presentando en la Quinta Edición del Festival de Monólogos Xalapa 2019, me mueve a cuestionarme, y cuestionar a los creativos, cuál es la razón prístina para presentar en un escenario acciones dinámicas producto de una experiencia/vivencia personal, real o imaginada; dónde se perdió la relación del teatro con la colectividad y su sentido de compromiso con la reconstrucción del tejido social; en qué punto de las geografía imaginativa, quedó varada la pertenencia a una comunidad cósmica. 

Te aclaro, por si lo estás pensando, que no me mueven aires de nostalgia por aquellas producciones del teatro catártico, aleccionador, moralizante, comprometido con las causas sociales; Teatro que movía las masas a tomar conciencia de su ser y estar en el mundo, a levantar la voz ante la injusticia, la violación a los derechos fundamentales, el genocidio, la barbarie y el exterminio de seres sintientes. Teatro con causa en donde, fuese de manera colectiva o individual, el evento movía la conciencia del espectador, haciéndolo más sensible de su devenir histórico

Tengo claro que estas nuevas teatralidades buscan explorar otras formas y espacios de la acción dinámica. Que el Performance trasciende la acción prefigurada, ensayada a partir de la exploración del texto, contexto y gestualidad del drama y que propone la ejecución de acciones sobre la base de los estímulos: auditivos/visuales/táctiles, que el ambiente genere al creador; ¡claro! previa planeación. Que el Biodrama se construye en torno a la biografía particular y privada, testimonios, cartas, fotografías o documentales, y lo que recibe el espectador es un, por así llamarlo, acto confesional en donde el actuante encarna varias etapas de la vida propia o ficticia de un sujeto.

El punto es que, me parece, que las nuevas poéticas como el Performance, el Biodrama, o las que vayan apareciendo, si bien han ganado mucho en inclusión de otras formas de abordaje del hecho escénico y han conseguido romper con viejos moldes: 1/prótasis (exposición y puesta en marcha de los elementos dramáticos); 2/epítasis (complicación y enmarañamiento del nudo); 3/catástrofe (resolución del conflicto y retorno a la normalidad). (Pavis, 1987). Reconfigurado después por Hegel (citado por Pavis, 1987) en 1/nacimiento del conflicto; 2/conflicto; 3/clímax y conciliación, me parece han perdido algo de aquello que dio sentido y trascendencia al teatro, y que no es otra cosa que el abordaje de verdades y conflictos universales por medio de la palabra actuada. Verdades con los que se quería provocar en el espectador una toma de conciencia más crítica/activa que le mueva a recuperar aquello que por indolencia o dejadez hemos dejado que pase: el rompimiento del tejido social.

¡Sí! Ya sé que estarás pensado que estoy añorando aquel tipo de dramaturgia catártica en la que el espectador después de ver cómo la traición, la ambición, la envidia, la avaricia, los celos, la lascivia y todas las conductas irracionales del hombre/mujer, rompían con el orden, moviéndolo a moderar su conducta para no dejarse arrobar por las pasiones carnales. Nada que ver. Simplemente no me hago a la idea de ser el recipiente de historias de vida, que me llevan a debrayar en los melodramas de la serie “Mujer casos de la vida real”. 

Toda esta perorata viene al caso, mi bien amado, paciente y condescendiente lector(a) porque la moda de hoy es montar unipersonales sobre la estructura del Biodrama, a partir de materiales extrateatrales: biografías propias o ajenas, traumatizantes o amorosas, reportajes de la prensa rosa o roja, collage de textos, improvisaciones gestuales, etcétera, en los que el espectador recibe descargas o vómitos vicerales sin que se acabe de entender el sentido de esa autocatarsis.

Sirva de ejemplo la obra que se presentó el jueves 5 del mes y año que corre, en el Festival que vengo comentando, que tiene por título Tornaviaje de Diana Sedano y Codirección de Diana Sedano, Ricardo Rodríguez y Cecilia Ramírez Romo, y cuya fábula es el que una hija se quiere ser como el padre. Entonces el tejido de la trama gira en torno al oficio del padre, los gustos musicales, el conflicto con la “otra” familia que vive en Santander, España, y la razón no clara de porque no regresó a su país de nacimiento. 

O el caso de Visceral, dramaturgia y dirección de Adrián Vázquez, del que ya comenté algo, y cuya fábula se teje sobre el rencor de una hija que se ve obligada a cuidar a una madre condenada a morir de cáncer, los rencores acumulados por la infidelidad del padre y la redención al final del personaje. En esta misma línea discursiva está Cartografía de la memoria. Exposición sobre la distancia: África presentada por el Grupo Tres Colectivo escénico y Vaca 35 Teatro en Grupo, texto y actuación de Ana Lucia Ramírez, en el que la dramaturga a partir del real/imaginario abandono de los padres y los vacíos de la niña convertida en mujer por la ausencia.

Pero bueno, baste por hoy mi bien amado, condescendiente y paciente lector(a) de rigores vanos. No te atormento más con deseo llanos. Por favor te pido me hagas llegar tus comentarios, críticas, opiniones, invitaciones o sugerencias de un tema que quieras que tejamos juntos. Ayúdame a construir la comunidad del buen espectador. SCV

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