La mochila y los derechos humanos

Sin tacto

Por Sergio González Levet

Mi profunda condolencia por el fallecimiento de Miguel Reneaum y Socorro 

Aubry, dos ausencias irreparables para la buena prensa veracruzana.

Resulta que varios padres de familia del Colegio Cervantes de Torreón -donde ocurrió el lamentabilísimo crimen de un niño de 12 años que mató a su maestra, hirió a seis personas y se suicidó con un balazo en la cabeza- habían levantado la voz un tiempo antes en contra de la revisión de mochilas de los alumnos, que estaban realizando las autoridades de la escuela.

​Dijeron esos padres que inspeccionar a los alumnos iba en contra de sus derechos humanos, y que además ellos “hacían una revisión en casa antes de mandar a sus hijos a clases”, lo que hacía innecesaria la medida escolar.

​Esos señores y señoras que no querían que sus hijos fueran tocados con el velo de la sospecha o molestados en sus bienes personales deben estar ahora sumamente arrepentidos -si no es que son tan tozudos como ya saben quién- por el tremendo error que cometieron y si saben reconocer están ciertos de que si no se hubieran aferrado en que se acabara la revisión a la entrada del colegio, seguramente las armas homicidas del alumno suicida no hubieran entrado al plantel.

​No entiendo muy bien la lógica de la Comisión Nacional de Derechos Humanos cuando se manifestó en contra del Operativo Mochila Segura en escuelas de educación básica de la Ciudad de México e hizo la Recomendación No. 48 /2019, en la que afirma que tal medida viola “los derechos humanos a la educación, a la intimidad y a la participación, así como al principio del interés superior de la niñez.”

​Digo, yo considero que el “interés superior de la niñez” es que no sean atacados con armas de fuego, que su mejor “participación” es que permitan que les revisen sus útiles con el fin de garantizar que ningún alumno meta una pistola o un arma blanca, que su “intimidad” no vale nada cuando al tratar de respetarla se arriesgan sus vidas.

​Y menos se me ocurre cómo revisar una mochila a la entrada de clases le puede quitar a un estudiante su derecho humano a la educación.

​Los padres de familia que se vuelcan en contra de que sus hijos sean debidamente vigilados y los expertos en derechos humanos que condenan la revisión de las mochilas están poniendo las condiciones para que se desate la violencia interna en las escuelas, como si no tuviéramos suficiente con la que debemos soportar los ciudadanos todos los días en las calles y las comunidades de la nación.

​Mis hijos ya son mayores, pero cuando iban a la escuela primaria nunca tuve empacho en que les revisaran sus mochilas en la escuela. Es más, siempre aplaudí la medida, no porque desconfiara de mis vástagos, sino porque no sabía si algunos de sus compañeros enfrentaban alguna situación anormal en sus casas o estaban aquejados por alguna enfermedad mental que los orillaba a la violencia.

​El derecho humano más importante es el derecho a la vida. Señores y maestros y expertos en DDHH, sería bueno que pusieran en la balanza qué es lo más que más conviene.

​Y tal vez entonces no estaríamos lamentando la terrible desgracia de Torreón.

sglevet@gmail.com

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