AMLO contra la mujer

“Quien siendo hombre se pelea con una mujer, nunca va a poder ganar, y quien se pelea con todas, es mejor que empiece a cavar su tumba”, me dice nuestro conocido amigo el Gurú.

     La sentencia viene a colación porque el presidente Andrés Manuel López Obrador ha caído en errores garrafales en sus consideraciones sobre el movimiento emergente de las mujeres mexicanas. Como el buen viejo necio que es -según él mismo confiesa y hasta presume- no ha querido dar marcha atrás a sus primeras impresiones sobre los grupos feministas, que han tenido una creciente movilidad en las últimas semanas.

     AMLO se fue en contra de ellas, en lugar de tratar de entenderlas y sumarse al grito desesperado de millones de mujeres en nuestro país, que exigen respeto a sus vidas y a su integridad, y junto a ello un trato más justo y equitativo en lo social, en lo laboral, en lo legal.

     Al parecer, el patriarca se enojó porque nunca le ha gustado que alguien inicie un movimiento sin su conocimiento y su aceptación.

     Y contestó como lo hace cada vez más a menudo: con un discurso dictado por el hígado y la ocurrencia; un discurso que por lo general tiene consecuencias en contra de su figura, su partido y su Gobierno.

     La respuesta oficial de las marchas multitudinarias del domingo 8 fue tratar de minimizarlas en los medios de comunicación y en las redes, acusar que fueron organizadas por grupos ultraconservadores que habían disfrutado de las mieles de la corrupción en los sexenios priistas y panistas, y hacer de lado el mensaje de la mitad más importante de la población, que salió a gritar que la están matando, que la violan, que la violentan… y que los culpables casi nunca son castigados.

     Andrés Manuel tampoco quiso escuchar esta vez, pero sus oídos sordos lo están enfrentando a un conglomerado que tiene una fuerza inusitada, y que lo puede hacer caer, no porque esté sufragado por la derecha o por intereses oscuros de los ricos, sino porque es genuino en sus demandas, porque está colocado entre la espada y la pared.

     Diez mujeres muertas cada día, miles violadas y violentadas, niñas maltratadas hasta la infamia, jóvenes desaparecidas en un número impresentable.

     Frente a esa situación real, palpable, un gobierno sensible, un gobierno democrático, y sobre todo un gobierno que quiera permanecer en el poder no puede cometer el suicidio de enfrentarse a las quejosas, de ignorar sus exigencias.

     30 millones de mexicanos eligieron a AMLO en junio de 2018, y más de 15 millones fueron sufragios femeninos.

     ¿Será que el Peje ya no quiere que sigan votando por él? ¿O por qué entonces tantas acusaciones, dilaciones y malos modos?

     Habría que preguntarle tal vez al doctor Freud.

sglevet@gmail.com

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