Covid-19, la pandemia de la desinformación

La llegada del Covid-19 nos ha puesto ante una gran paradoja: hoy todos estamos hablando de la pandemia –sus riesgos, las medidas del gobierno, la suspensión de clases-, pero muy pocos saben lo que pasa en realidad. Si hoy tenemos sólo 53 casos confirmados, más de 120 millones de mexicanos nos hemos contagiado de desinformación.

Mientras la Secretaría de Salud recomienda una sana distancia, el presidente desafía a sus propias instituciones y realiza giras de trabajo donde pone en riesgo –y se pone en riesgo- mediante el contacto con la gente de manera irresponsable. La Secretaría de Educación anuncia la suspensión de clases durante un mes, pero cientos de pasajeros procedentes de Europa –hoy el epicentro mundial del contagio- no son sujetos a ninguna revisión en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México. Sobran los testimonios.

Cómo entender a un gobierno que simula tomar decisiones para evitar la propagación del contagio, pero al mismo tiempo sugiere que si el Presidente adquiere la enfermedad sería una buena noticia porque eso lo haría inmune.

Y qué decir de una fake news que anuncia la primera víctima fatal pero que resulta que sigue vivo, lo que no despeja la preocupación inicial: si eso le puede pasar a un millonario que tiene acceso a los mejores servicios de salud en el mundo, qué le espera a un ciudadano común frente a un sistema de salud colapsado e insuficiente.

Las redes sociales de han llenado de noticias de todo tipo. Vemos en algunos lugares compras de pánico, con el papel higiénico como el mayor tesoro. Aún no encuentro la relación, salvo que sea por una absurda imitación, movida por el medio, de lo que sucede en otros países. La histeria colectiva ha corrido más rápido que la propia pandemia.

¿Qué debemos hacer? ¿A quién debemos creer? ¿Por qué si la enfermedad es menos mortal que la influenza estacional, porque se toman medidas mucho más drásticas? ¿Debemos salir a la calle? ¿Debemos ir al trabajo? ¿O debemos prepararnos para emular las imágenes de las ciudades de Italia o España, donde las patrullas de la policía deambulan por las calles vacías para evitar que los ciudadanos salgan de sus casas? ¿Cuál es la realidad de lo que está pasando?

Estas son sólo algunas de las muchas preguntas que tiene el ciudadano común y que no encuentran respuesta ni en el gobierno, ni en las redes sociales. El contagio de la desinformación de ha vuelto una pandemia.

En un país polarizado, la ideología política de una buena parte de la población domina a su sentido común. Si el Presidente dice que el Covid-19 no nos afectará, entonces estamos a salvo. Si López Obrador sale a los pueblos a abrazar, a dar la mano, a besar a la gente, entonces –tocado por su gracia divina- nosotros también estamos seguros.

Este fin de semana, el Presidente dijo tener “fe” en que México saldrá adelante y no le afectará la pandemia, pese a las medidas restrictivas implementadas por su gobierno. “Se va acabar la corrupción y la impunidad. ¡Me canso ganso! Tengo mucha fe de que vamos a sacar a nuestro querido México adelante. No nos van a hacer nada los infortunios, las pandemias, nada de eso”.

¿En qué basa el Presidente su fe? ¿En su religión, en Dios? La iglesia católica ha anunciado que realizará la liturgia de la Semana Santa pero sin personas. En México intentan desafiar el sentido común, celebrando el tradicional viacrucis de Iztapalapa. No lo harán, sencillamente porque Dios no es responsable de las decisiones de los hombres.

¿Qué han hecho otros países ante la falta de fe de sus gobernantes? Rusia cerró fronteras y puso en cuarentena a todos los turistas. Justin Trudeau, Primer Ministro de Canadá, anuncia el cierre de sus fronteras excepto a residentes permanentes, ciudadanos canadienses o de EUA. España cierra fronteras terrestres y sólo permitirá la entrada a los residentes y a casos de causa mayor. En Italia es aislamiento de los ciudadanos es total. En Estados Unidos no se permiten vuelos de ningún lugar de Europa –excepto Reino Unido e Irlanda- y han declarado emergencia nacional.

En materia económica, algunos de estos países han suspendido el pago de hipotecas, han diferido el pago de impuestos por algunos meses, se otorgan créditos a empresas para que no quiebren por la suspensión de actividades y se está financiando la reducción de las horas de trabajo. A los países les preocupa la salud pero también su economía. En México sólo hemos suspendido clases.

¿Realmente el mundo vive una psicosis que nada tiene que ver con la realidad o en México tenemos al peor gobierno en el peor momento? Ya sabemos la respuesta.

Las del estribo…

  1. Esta mañana el gobernador anunció la suspensión, desde mañana, de todas las clases en la zona conurbada Veracruz-Boca del Río. ¿Por qué no se hizo en el resto del estado? La única respuesta posible es porque en Veracruz ya se confirmó el primer caso de Covid-19; y aunque el gobierno pretenda alargar el anuncio, ya lo hizo la familia. ¿Cuántos otros casos sospechosos están ocultando las autoridades?
  2. Una más. El gobierno pretende “ahorrar” al menos 500 millones de pesos en las elecciones locales del próximo año, mismas que costarán algo así como mil 250 millones de pesos. Para darnos una idea, el gobierno tuvo que devolver más de 3 mil 300 millones de pesos por subejercicio durante 2019. Ahora la crisis será culpa de los partidos y no del gobierno.
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