¡Como anillo al dedo!

El enunciado del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, el jueves, de que “nos vino esto como anillo al dedo para afianzar el propósito de la transformación”, refiriéndose a la pandemia del coronavirus, sólo puede entenderse por su desbordado deseo de seguir siendo el protagonista principal de la vida nacional.

Más temprano que tarde se está viendo que tantísima verborrea todos los días agotó la calidad de los mensajes que emite el señor López Obrador y se le está revirtiendo. Las gracejadas que tan buen resultado le dieron en campaña, además de que cansan, han llegado a ser ofensivas.

Ojalá que, como él dice, se trate de una “crisis transitoria”, aunque podría afectar muy gravemente al país, que es el noveno con más diabéticos del mundo, pero lo que vino para quedarse es la inminente contracción económica calculada en el 4% para este año, y la criminalidad, donde se registra el mayor número de homicidios desde que se empezaron a recolectar datos en 1997.

¿En tamaño escenario, de qué manera podría venirle a México o al gobierno como anillo al dedo esa moderna peste que está llenando panteones ?

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